La mayoría de los novios que se casan desean que su matrimonio sea algo duradero y satisfactorio. Pero la inmensa mayoría no tiene ni idea de cómo lograrlo. Antes de casarse, muchos jóvenes ya han sido expuestos a los mitos de lo que debería ser un matrimonio. Aceptan estos mitos sin cuestionamiento alguno convirtiéndose estos mitos en modelos de matrimonio.
Los mitos son potencialmente muy peligrosos para la relación de pareja. No solo presentan un plan erróneo para crear un matrimonio de calidad, sino que muchas veces promueven unos objetivos en la vida que no son los más apropiados.
La vida es un cambio constante.
Creemos en estos mitos porque somos incapaces de ver el matrimonio como lo que realmente es: una relación constantemente en cambio entre dos personas continuamente en cambio.
Las circunstancias de la vida varían, los ciclos de la vida son inevitables, y por consiguiente, el matrimonio también debe cambiar y adaptarse constantemente. Creer en los mitos hace que te cases con una serie de expectativas totalmente irreales, y después quieres adaptar tu matrimonio a estas expectativas y lo único que obtienes entonces es una más que grandísima decepción. Las cosas parece que no te cuadran.
Como lector le invito a que consideres algunos de los siguientes mitos sobre el matrimonio. Pregúntate en primer lugar qué mitos le son aplicables directamente, y después sea honrado y piense cuáles pueden estar perjudicando tu matrimonio.
Mito 1: Para cambiar una relación hacen falta dos
La realidad es que la única persona que puede cambiar es a usted. Con este mito lo que hacen es (1) intentar cambiar a la pareja o (2) no esforzarse en cambiar la relación hasta que lo haga su pareja. Así no va usted a ningún sitio. Lo único que usted puede cambiar es a usted mismo. Tenga en cuenta que si usted cambia, su papel en el matrimonio va a cambiar y esto hará que su matrimonio cambie. Eso no significa que la relación vaya siempre a mejor, sino que se modificará y dejará de estar en punto muerto.
Mito 2: Si me esfuerzo más, conseguiré que mi pareja cambie.
Muchos piensan que, a pesar del mito 1, si se esfuerzan más, son más creativas o tienen nuevas estrategias, podrán cambiar a sus parejas. Los que somos perros viejos ya, nos sonreimos ante esta ingenuidad. Los ingenuos que creen en este mito esperan que su pareja un día «vea la luz» y se transforme en la persona ideal que siempre han querido. Esto además de irreal, supone muy poco respeto y valoración por el otro, del que deseamos que sea como nosotros queremos que sea y no cómo es realmente.
Mito 3: Mi marido/mujer lo será todo para mí.
Novios atontados y románticos: piensan que la persona elegida lo será todo para nosotros. Esperan que su elección de compañero/a, en un momento de locura y pasión sexual, sea la adecuada y que se trate de una persona con la que estarán toda la vida y que lo significará todo: pareja sexual, mejor amigo, cuidador de los niños, trabajador, cuidador del hogar y cuidador en caso de enfermedad y no digo más porque la lista sería interminable. Por supuesto que deseamos esto, pero la vida nos demuestra que estas expectativas son irrealizables. Hay algunos aspectos a los que, seguramente nuestro esposo/a no dará cumplimiento. Las posibilidades de que nuestra pareja lo sea todo para nosotros son bastante bajas. Normalmente en un matrimonio se pasa de las grandes expectativas y el idealismo a la desilusión, y por último, en el caso de un matrimonio saludable, a la aceptación.
Mito 4: Mi esposo/a debería satisfacer todas mis necesidades.
¿No parece esto bastante ridículo? ¿cómo va una persona a satisfacer todas mis necesidades? Pues sí. Somos bastante ridículos y nos enfadamos y desilusionamos cuando nuestro esposo/a no cumple nuestras necesidades. Este mito está en relación con el anterior, el 3, pero este está a un nivel más profundo. El problema viene porque muchas veces no somos conscientes de las necesidades que realmente tenemos ni de lo que esperamos inconscientemente que nuestro esposo/a haga por nosotros. El resultado siempre será una profunda decepción, ya que el mito sugiere que nuestra pareja debería satisfacer nuestras necesidades.
Mito 5: El matrimonio no debe traer mucho esfuerzo.
En muchas ocasiones se inicia la vida de casados con gran idealismo y un fuerte romanticismo. Cree que el amor lo puede todo. Algunos llegan a creer, por ejemplo, que crear una relación entre dos personas que vienen de dos familias distintas, con profesiones distintas, con criterios distintos y, por supuesto, sin formación previa alguna sobre el matrimonio, está «chupao», que eso es de lo más fácil y sencillo pues para eso se quieren. ¿Cuántas personas entienden y saben las complejidades de escoger a una persona para toda la vida? El matrimonio supone atravear una serie de crisis predecibles a lo largo de la vida. Tener un matrimonio duradero y de calidad no es tarea fácil, ni mucho menos.
Mito 6: El matrimonio no tiene cambios.
Muchos esposos creen en este mito de ver al matrimonio como una relación constante, estable y duradera. Piensan que una vez casados y asumidas algunas diferencias y discrepancias entre ellos, todo va a marchar muy bien, como una balsa de aceite. Como ya se conocen (es un decir) y su matrimonio está funcionando, pueden echarse a dormir. La realidad es muy distinta. Los matrimonios atraviesan crisis a lo largo de su vida: tienen que superar el envejecimiento de sus padres, la crianza de los hijos, adecuarse a los cambios profesionales, laborales, distintas situaciones económicas, a las variaciones de salud, etc, etc, etc. Un matrimonio siempre está en un cambio y una adaptación continuas. Adaptación y cambios garantizan siempre un matrimonio saludable.
Mito 7: El amor es un sentimiento.
Si el amor fuera solamente un sentimiento, ¿qué hacer cuando uno ya no está enamorado? Un enamoramiento inicial, para conectar entre ellos, está bien. Pero el matrimonio es más que ese enamoramiento infantil. El amor maduro requiere años, muchos años y se basa en dedicar tiempo continuo a descubrir quién es la persona de la que nos enamoramos en el pasado. El amor es sentimiento y también es voluntad. Los esposos que ya llevamos algunos años, hemos atravesado muchas crisis. Si hubiéramos dependido del amor sentimiento, no podríamos haberlas superado. Un matrimonio saludable requiere tiempo, energía, esfuerzo.
Mito 8: En algún sitio se encuentra mi alma gemela.
Este mito es la extensión del desenamoramiento. Muchas esposas piensan que por ahí fuera, en algún lugar, está el «príncipe azul, que desde luego es más cariñoso que su esposo. Y muchos esposos piensan en esa «princesa dorada» que tambíen es más cariñosa y más bella. Una vez estamos en el error de pensar que la solución del problema está fuera de uno mismo. ¿No veis lo poco que duran la mayoría de los nuevos matrimonios que se han iniciado con relaciones extramatrimoniales?.
Mito 9: Mi matrimonio siempre gozará de buena salud si es como (o diferente de) el matrimonio de mis padres.
Vemos los matrimonios que nos rodean en nuestro ambiente y familia. Queramos o no, nos están influyendo, en positivo o en negativo. Así pensamos que lo mejor es reproducir el matrimonio de nuestros padres o bien evitarlo. La realidad es que tanto si se intenta imitar el matrimonio de los padres o se intenta lo opuesto, surgirán problemas. Los nuevos esposos han de construir su propio modelo de matrimonio. Esto es lo único que funciona.
Mito 10: Solo un cambio muy grande puede transformar un matrimonio.
Con frecuencia, muchos esposos piensan que cuando la relación conyugal se ha estancado, o se está sufriendo continuos conflictos, solamente un milagro puede salvar la situación. Piensan que si cambian de una manera radical podrán sanear su matrimonio. Como resultado, esperan y se esfuerzan por conseguir una transformación total, lo que es imposible. Quedan así más frustrados todavía. Un ejemplo muy sencillo: Uno que desea perder peso y lo primero que hace es ponerse a correr en una maratón. El dolor y el desánimo de esa primera carrera le alejarán para siempre de la idea de correr. Lo adecuado es ir haciendo ejercicios poco a poco ¿no es así?, hasta que el cuerpo se vaya adaptando. Pues lo mismo, para cambiar su relación en el matrimonio y su matrimonio.