Aceptar que el otro es diferente significa que lo que para uno es un grano de arena para el otro puede ser una montaña. Sin aceptación del otro es imposible la convivencia.
Todos vemos el mundo no como es sino como nosotros pensamos que es. Todos estamos convencidos de ser objetivos en nuestros razonamientos. Así pensamos que lo que hacemos, sentimos o pensamos es lo normal.
Somos personas diferentes. Entonces una relación solamente es posible si llegamos por un lado a aceptar que el otro es diferente y además intentamos ponernos en su «piel» a través de la empatía.
Ya como personas somos diferentes, pero es que como hombre y mujer lo somos mucho más. Los hombres y las mujeres, a pesar de la ideología de género que nos quieren imponer, tenemos diferentes formas de vivir nuestros valores propios. Hay una forma de ser mujer y una forma de ser hombre.
Como somos diferentes, para mejorar nuestra relación hemos de buscar la autenticidad en la relación. Ser auténticos en la relación produce que cada uno de los esposos, de los miembros de la pareja, puedan vivir y expresar sus propios sentimientos y sus necesidades. ¿Cómo puedo estar contigo sin dejar de ser yo? ¿Cómo puedes estar conmigo sin dejar de ser tú?
En la medida que cada uno es consciente de sus sentimientos y necesidades puede empezar a ver que el otro también tiene sentimientos y necesidades que han de ser atendidas. Esto lleva también a comprender y a aceptar que mis sentimientos, necesidades, formas de ver, mis principios, mis valores, ─que son los míos─ pueden ser distintos de los del otro.
Para tu análisis, piensa en cómo se concibe el mundo del trabajo en el hombre y en la mujer. O cómo enfocan el tema de la comunicación, el hablar, el ser escuchado, entre los esposos.
No aceptar que el otro es diferente lleva a la incomunicación, al alejamiento, pues no damos cabida a que pueda existir una forma de pensar, ver o razonar distinta de la nuestra.
Yo siento así. ¿Cómo lo sientes tú? Yo pienso así, ¿cómo lo piensas tú? Además de lo que estamos pensando, viendo, sintiendo, ¿pueden existir otras formas, otras posibilidades…?
En realidad lo que está en juego es el respeto hacia el otro, la consideración del otro, el diálogo, el intercambio, el hacer lo que es mutuamente beneficioso y agradable para los dos.
No entender que el otro es diferente me lleva a la exigencia en la relación. La exigencia sobre el otro siempre es una forma de violencia cuyo fruto es el alejamiento. La exigencia no admite que el otro pueda decir «no» a lo que le pedimos.
Si aceptamos la diferencia del otro, en vez de una exigencia, haremos una petición. La diferencia entre una exigencia y una petición es que la exigencia no admite el «no», mientras que una petición puede contemplar un «no» por respuesta. Entonces nos comunicaremos desde el respeto y la consideración.