Como persona necesito sentirme acogido, escuchado, tomado en consideración. Cuando esto no es así, entonces sufro violencia.

Esto, en líneas generales ¿se cumple así en nuestra iglesia, en nuestras comunidades? Mi experiencia personal, salvo en casos excepcionales, es que no. Y siento tristeza, y dolor también ¿por qué no voy a decirlo? Necesitamos ser acogidos. Y no hay acogida.
Por eso digo que esta es una asignatura pendiente entre nosotros los cristianos y,  especialmente en quiénes tienen más responsabilidad como es el caso de los sacerdotes.

La acogida, asignatura pendiente de los cristianos.

El encuentro es la base de toda relación humana.   Es la dimensión del encuentro la que nos da sentido como personas.   Si no hay encuentro, solamente tenemos desencuentro. La acogida significa cuidar a las personas.   ¿Qué es?   Una manera de ser,   de actuar,   de estar, caracterizada por la apertura y la disponibilidad.   Apertura y disponibilidad.  ¿Lo ves?

No es una tarea,   es un talante de vida donde lo más importante es la persona.
Y en esto estamos todos implicados,   pues todos debemos ser acogedores y acogidos.   De lo contrario no podemos crear comunidad.  Por ejemplo,  en el caso de la parroquia,  esta no es más acogedora porque ofrezca más servicios,  sino porque cuide a las personas. La acogida es sobre todo relación de ayuda con el otro.   Ya sabemos que hoy se cree más a los testigos que a los maestros.  

Nos falta testimonio

El testimonio es más creible que la doctrina y las meras palabras,  por muy bien que hablemos los unos o prediquemos los otros.  Nos falta testimonio.

(Mt 20,20-28; Mc 9,33): «Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros» (Jn 13,34).

En los Evangelios,  hay un pasaje en que se muestra este espiritu de acogida en la parábola del Buen Samaritano (Lc 10,29…)

  • Por un lado el comportamiento del sacerdote y el levita que viendo al hombre malherido dan un rodeo y pasan de largo.   Por comodidad o por alguna prescripción de la ley (impureza, etc.), lo cierto es que estas personas que, a priori, debían dar ejemplo de ayuda no lo hacen.
  • Por otro lado el Buen Samaritano nos ofrece las pautas a seguir:

─ Es una persona extranjera, pero poco importa. (No es de las buenas personas, de los buenos creyentes)

─ Sabe mirar, sabe ver, sabe leer en la realidad. Sabe mirar con el corazón y por eso está atento a lo esencial.

─ Se conmueven sus entrañas. El corazón funciona y no es insensible. La acogida comienza por ese interés puesto en el otro sabiendo leer la realidad del otro, siempre, desde el corazón y no desde la ley.  Hay que ver cómo quieren nuestros sacerdotes y los buenos cristianos siempre cumplir con la ley,  olvidándose de las necesidades de las personas.

─ No es suficiente la emotividad (esa primera mirada convulsionada).   Hace falta dejarse afectar. Es la simpatía (sufrir con) o la empatía (sufrir desde el otro). La persona llega y pasa por el corazón o por lo contrario no hay acogida ni verdadera relación.   Jesús lo sabe bien ya que censuraba duramente la dureza de corazón de los fariseos y doctores de la ley.

El Buen Samaritano, afectado y sintiendo de verdad, pasa a la acción.   La acogida no es tal si no genera compromiso, implicación, acción.   Sería como un diagnóstico sin  terapia, como un plano sin ejecución, como una promesa en el aire.  ¡Qué bien nos quedamos con las palabritas de buenos deseos y con unos poquitos de rezos! ¡No te preocupes, que rezaré por tí!

El Samaritano hace lo que puede. Interrumpe su camino, se olvida de lo que tenía que hacer porque concede prioridad a la persona malherida. Luego pone a su disposición su persona, su tiempo y sus cosas. Pero no lo hace todo.  Sabe retirarse a tiempo. Sabe involucrar a otros (posadero) en la relación de ayuda. Sabe estar a la sombra aunque, eso sí, siempre dispuesto a retomar la relación directa.

Para mejorarnos,  para aprender,  solamente tenemos que ver los Evangelios de vez en cuando.  Y dejarnos acoger por Dios.  Así también aprenderemos a acoger.

Ya digo,  es esta una asignatura pendiente,  que seguro que dura más de un curso y por eso ahora no me extiendo más.  Yo,  por mi parte,  solamente confesar que a nivel personal,  ¡cuán pocas veces he sentido esa acogida!  Y soy persona.  Y estoy dolido. Por la falta de acogida hacia mí y mucho más por la falta de acogida a otras personas que en esta mi parroquia no se han visto acogidas lamentablemente. No quiero doctrina, quiero testimonio.

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