Muy buenas de nuevo en Prevención de Riesgos Matrimoniales. Hoy quiero exponer un problema, a veces un gran problema en la relación como es el de no ver o apreciar los cambios que se producen en el otro cuando se está intentanto recuperar una relación que no funciona en el matrimonio.
¿Cuál es el problema?
Pues que si uno está cambiando y mejorando su actitud, su comportamiento, su forma de hacer las cosas…y el otro no aprecia que está cambiando, pues sencillamente deja de hacer el cambio porque siente que no merece la pena, pues no ve aprecio por parte del otro.
Cuando falta un objetivo definido.
Esto es así porque a veces no definimos de una forma concreta y específica en qué consiste el cambio. Si tenemos objetivos ambiciosos, ambiguos, sin definir, por mucho que cambie el otro, nunca apreciaremos el cambio.
Mejor, un ejemplo. Una madre acude a consulta de orientación familiar porque su hijo adoslecente sale prácticamente todas las noches, a deshoras, vuelve al otro día por la mañana, y a veces viene con síntomas de ingesta de alcohol —vamos a ser suaves en las formas—, lo que poroduce fuertes tensiones en la relación entre la madre y el hijo, y por otra parte la madre vive con la continua angustia del peligro que supone para su hijo esta forma de vida.
¿Qué pide en la consulta de orientación esta madre?
Pues que su hijo sea mejor hijo. Esta petición de la madre está condenada desde el principio a un fracaso seguro. ¿En qué consiste eso de «ser mejor hijo»? ¿Cómo va a conocer la madre que su hijo está mejorando?
Esta petición planteada de foma tan ambigua está, como digo, condenada al fracaso, porque aunque su hijo tenga cambios en su conducta y comportamiento, su madre siempre estimará que su hijo «puede ser mejor hijo». Como el hijo ha hecho cambios, y que estos cambios no se han apreciado por la madre, entonces lo que entiende es que no merece la pena el cambiar.
En cambio, si se plantea la petición de cambio de una forma concreta y específica, la madre puede apreciar si hijo cambia o no, cambiando por tanto la forma de relación entre ambos.
Si el hijo sale todas las noches, por ejemplo podemos pensar en un primer cambio en que solamnete salga los fines de semana. Si el hijo no sale el lunes, martes, miércoles, jueves y viernes, ciertamente que se ha producido un cambio. Incluso si, por ejemplo, salió un martes, pues ya ha cambiado el sentido de no salir todos los días de la semana.
Un segundo cambio puede ser, realizado ya este, que cuando salga, vuelva por ejemplo a las 1:00 horas a.m. Esto es un cambio concreto, medible, si viene a esa hora, es que está cambiando, y por tanto estamos consiguiendo lo que la madre quería, eso de que su hijo fuera mejor hijo. Y así podríamos plantear puntos que se fueran consiguiendo en el cambio. Así, se verifica si se produce realmente un cambio y, caso de producirse reconocer al otro que su cambio está contribuyendo al bienestar de la relación entre ambos, lo que motiva sin duda alguna el continuar con su cambio.
Estimo que este ejemplo se puede trasladar como modelo a la relación entre los esposos. Con pequeños cambios, definidos, concretos, en la relación, no solamente se aprecia que se está cambiando, sino que también se anima al otro a que continúe con su cambio.
Ahora aquí dejo, para la creatividad de los espsos cómo pueden aplicarlo en su relación. Supongamos que la esposa tiene la necesidad de hacer cosas juntos, como matrimonio que son, entre ella y su marido. Si se plantea el objetivo como «quiero sentirme más acompañada», por mucho que haga el marido, siempre sentirá que no se siente lo suficientemente acompañada.
Pensemos de otra forma. «Quiero que mi esposo me acompañe a hacer la compra en el mercado, al menos dos veces al mes». Esto lo podemos medir. Punto 1, ¿me acompaña sí o no? Punto 2, ¿cuántas veces me ha acompañado?
Un buen día para aquellos que siempre buscan mejorar su relación.