Si existe un tipo de educación, una educación ineludible en el mundo, es la educación en el amor. Nunca se debe olvidar que la educación en el amor es el compromiso que hay que urgir con más insistencia, bien porque todavía existe la convicción de que el amor es un hecho espontáneo que no necesita ninguna construcción o purificación, bien porque el hombre aprendiendo a amar, alcanza su identidad y, por tanto su felicidad.
El deber de ser felices es una llamada que viene de Dios. Desgraciadamente esta llamada no es atendida por muchos de los matrimonios que se proclaman cristianos.
Dios ha creado a los hombres para que vivan felices. Esta felicidad se ve comprometida por el hecho de que los hombres no siempre han encontrado el camino justo para amar y ser amados. Se da en ellos la tentación de conseguir la felicidad dominando a los otros. Esta actitud les priva de la felicidad: es el pecado del hombre.
Por pecado hay que entender la «disminución de humanidad» y, en consencuencia, mengua de felicidad.
Conclusiones
- Solamente es cristiando quién se deja guiar por la palabra de Cristo.
- El Sacramento del Matrimonio es el compromiso de los esposos que se dicen cristianos, de guiar su vida conyugal y familiar por la palabra de Cristo.
- Ser felices en el matrimonio es una llamada que viene de Dios.
- El amor entre los esposos es un amor imperfecto porque está hecho por personas imperfectas.
- Que seamos personas imperfectas, no nos impide ser felices. Para Dios, ser perfectos es crecer como personas un poquito todos los días. Este crecer un poquito todos los días es la vía para tener vida y vida en abundancia, que es a lo que están llamados los esposos en su matrimonio. Dios no busca el sufrimiento en la relación.
- Tomar cada uno su cruz y seguir a Cristo no es resignarse y sufrir con un matrimonio que no funciona. Tomar cada uno su cruz es darse cuenta de las limitaciones que tenemos y luchar para superarlas.