Si queremos que nuestro matrimonio funcione, hemos de tener poquitas ideas, pero claras.
Es esencial que lleguemos a tener unas ideas claras de qué es lo que queremos que sea nuestro matrimonio y nuestra familia. No es preciso que sean muchas, bastan unas pocas. Pensemos que hay que ser muy firme en pocas cosas para convertirse en junco en todo lo demás.
¿Sabemos poner primero lo primero? ¿Qué es lo primero para nosotros, para nuestro matrimonio?
Revisemos también los criterios con los que organizamos nuestras vidas.
Cada matrimonio decide cuáles son las ideas básicas para su vida.
Un matrimonio que funciona construye todos los días su vida en común de conformidad a las convicciones que le son propias y le ayudan a vivir poniendo primero lo primero. No existe un catálogo de ideas. Cada matrimonio debe tener las suyas propias. Para poder encontrarlas, quizás como matrimonio tengamos que revisar nuestra propia vida, nuestra historia ya como esposos.
- ¿Qué es lo que realmente está moviendo nuestras vidas?
- ¿A qué le damos valor y a qué no?
- ¿Por qué estoy aquí?
- ¿Por qué me he casado contigo y tú conmigo?
- ¿Qué queremos conseguir como matrimonio?
Un ratito para dedicarnos un pequeño diálogo entre nosotros como esposos es muy aconsejable para tratar estos temas.
Una vez definidas las cosas claras, el fin de nuestro proyecto, lo que tú y yo juntos queremos hacer de nuestra vida, podemos ir viendo de qué forma este fin último va haciéndose presente y realidad en nuestro día a día, en cada decisión que tomamos.
Para ello tenemos que partir de lo que hemos acordado como nuestra meta: ¿Cómo vamos a hacerlo para conseguirlo?
La respuesta a esta pregunta se concreta en asumir unos criterios de vida, en los que basamos nuestra actuación y que definen nuestra forma de ser en casa, en el trabajo, con los amigos, con los hijos, o en nuestra relación con Dios.
Son los criterios a los que recurrimos cuando hay que tomar una decisión importante (e incluso decisiones más pequeñas). Responden a los valores que se desprenden de nuestras convicciones comunes.
Algunos ejemplos de valores: familia, trabajo, desarrollo personal, libertad, alegría, paternidad, amistad, solidaridad, vejez, fidelidad, sexualidad.
Características de los criterios con que vamos a organizar nuestras vidas.
1. Responden a valores fundamentales de la pareja,
que representan nuestras convicciones y que las concretan. El fin de nuestro proyecto lo hemos sintetizado en una idea, un enunciado que abarca toda nuestra vida. A partir de él podemos desglosar tres o cuatro valores fundamentales; al poner éstos en práctica estaremos llevando a la realidad el fin que nos hemos propuesto.
Por ejemplo, si el fin de nuestra pareja es ser uno, la unidad, el buscar en cada momento lo que más nos une como pareja será un criterio primordial para nosotros. Por el contrario, si el fin que nos hemos propuesto es la autorrealización personal partiendo de una perspectiva profesional, nuestros criterios irán orientados hacia qué conviene a cada uno de los dos personalmente, de qué forma podemos potenciar cada vida profesional, o qué puede suponer una mejor inversión de cara al futuro en el trabajo,
Así, los criterios nos ayudan a traducir las cosas claras en decisiones, y a ir introduciéndolas en nuestra vida.
¿Qué estamos viviendo ahora?, ¿qué nos piden nuestros criterios?, ¿hacia dónde nos orientan?
2. Los criterios son constantes a lo largo de la vida de la pareja
al igual que el fin último, con el que están íntimamente relacionados. Al fin y al cabo, eso es lo que hemos visto claro, por lo que nos hemos jugado la vida y no es cuestión de ir cambiándolo cada dos por tres. De la misma manera, los criterios van haciéndose constantes, consolidándose en el tiempo.
Si nuestro criterio es «lo que nos haga madurar más como personas», su formulación es suficientemente amplia como para que nunca nos encontremos con que no podemos aplicarlo en una decisión. Lo que irán variando son las respuestas que demos ante la interpelación de un criterio.
Un mismo criterio «lo que más nos una como pareja aplicado a una cuestión concreta tener hijos, cuántos, cuándo… puede llevarnos a conclusiones diferentes: quizá al principio de la vida de casados, la respuesta sea que no es un hijo lo que más nos fortalecería entonces, pero un cierto tiempo después sí.
Por ello es necesario el discernimiento concreto, en cada fase, ante cada decisión.
3. Los criterios han de ser comunes
porque derivan de nuestras cosas claras y definen nuestro proyecto. Son de los dos y ambos debemos estar de acuerdo en que son esos los criterios aplicables a nuestra vida.
Cada uno tenemos nuestros criterios, más o menos propios, aprendidos o influidos por nuestro entorno. Ahora se trata de definir los criterios comunes, de los dos, que ponemos en juego en las decisiones de pareja y también en las personales.
Aquí se juega una buena parte de la construcción de la pareja, del paso del «tú y yo» al «nosotros». Ya no crearemos enfrentamientos («tus criterios contra los míos») en una lucha de poder en que prima el más fuerte o el más hábil. Ahora somos nosotros quienes, juntos, con los criterios que hemos elegido como más importantes para ambos, vamos decidiendo qué queremos hacer de nuestra vida.
La diferencia puede parecer mínima, pero en realidad es enorme. ¡Cuántas discusiones se producen por no habernos puesto de acuerdo en un punto de vista común y por situarnos cada uno a la defensiva, dispuestos a defender «a muerte» nuestras posiciones!
¿Tenemos tú y yo criterios comunes? ¿Cuáles son? ¿Qué factores tenemos en cuenta cuando tomamos decisiones que nos afectan a los dos? ¿Cómo lo hacemos?
4. Los criterios han de ser coherentes entre sí.
en su formulación, o al menos, no incompatibles, de forma que no lleguemos a situaciones de «callejón sin salida» en que distintos criterios comunes nos ofrecen soluciones contrapuestas.
No podemos plantearnos simultáneamente «el máximo de realización profesional de ambos» junto con «dedicar el mayor tiempo posible a la familia», o «lo que nos suponga mejor calidad material de vida» junto con «vivir con lo realmente necesario, huyendo de la tentación de aferrarnos a lo superfluo».
Es necesario evitar estas contradicciones, por una parte, porque aunque podemos llegar al fin que nos hemos propuesto por muchas vías, todas ellas han de estar orientadas hacia él y no pueden seguir direcciones opuestas. Por otra, los criterios marcan nuestras prioridades y no es sencillo definir dentro de éstas cuál es la principal. Por eso, la coherencia en los criterios es fundamental y ayuda a simplificar las decisiones: todos los indicadores nos impulsan hacia un mismo lado.
No podemos tener criterios contradictorios entre sí. Hemos de buscar la congruencia y la coherencia.