Es frecuente, desgraciadamente, que en muchos matrimonios, uno de los esposos esté continuamente vigilando el comportamiento del otro pero con un afán crítico. Por lo general estas críticas son pequeñas, menudas, casi diariamente, machaconas, y acompañadas de sus correspondientes enfrentamientos.
Lo más grave de este comportamiento es que el otro cónyuge empieza a sentirse observado, vigilado, y entonces se pone en guardia, perdiendo su espontaneidad y analizando la conveniencia o no de decir esto o aquello, de expresarse de esta manera o de aquella. El que se siente objeto de esta vigilancia y crítica continua empieza a bloquearse en su relación de forma intermitente: cuando se siente vigilado, se bloquea.
El bloqueo significa ni más ni menos el alejamiento de la pareja.
Y esto es así porque el cónyuge que se siente vigilado y criticado ya no se va a mostrar como es, sino como se espera que sea. Solamente se mostrará tal como es en otros ambientes fuera de su pareja. Dime entonces qué tipo de relación se está manteniendo.
Este alejamiento fruto de este hecho de la vigilancia y crítica continuas se va convirtiendo en una auténtica tortura que, al final, seguramente desembocará en un fracaso en la relación.
Veamos un ejemplo:
Matrimonio que lleva unos diez años casados. Ahora con la crisis que estamos atravesando, han sufrido unas dificultades económicas. El marido se ha quedado sin trabajo. El marido ahora se vuelve duro en la relación con su mujer. Su mujer, que siempre ha sido una perfeccionista, ahora se ha vuelto más perfecccionista aún.
En la última semana el marido ha sido objeto de las siguientes críticas:
- «Haces demasiado ruido al comer y eso me molesta»
- Después de una salida con los amigos le dice: «Estoy harta de tus fantasías y de que te inventes la mayoría de las cosas: ¿es que no puedes ser normal?; interrumpes a la gente continuamente, no dejas hablar a nadie; te has tomado tres copas de vino y encima dos cubatas, vas a terminar siendo un borracho…»
- Frases categóricas, extremistas que, como siempre están escondiendo un fondo de crítica: «siempre tienes que llevar razón»; «no te consiento que me hables así»; «no soporto ese aire de persona lista que siempre tienes».
- «No haces nada más que comer, y así no vas a adelgazar»
¿Te has visto reflejado/a en este ejemplo? Si tu vida se presenta así, tienes un RIESGO MATRIMONIAL que puede, seguramente diría yo, influir negativamente en tu matrimonio.
La aceptación en el matrimonio es fundamental. Hay que aceptar al otro y dejarlo que actúe como es. Naturalmente esto no quiere decir que si uno se comporta como un cerdo no tiene que rectificar su comportamiento. Ni mucho menos. Pero la aceptación conlleva ayudarle al otro a su crecimiento y que supere estas limitaciones que no le hacen bien ni a él ni a tí ni a vuestra relación. Pero esto se puede hacer, promover el cambio con otros resortes distintos de la vigilancia continua y la crítica machacona, usando un poco de delicadeza como pieza intermedia.
Piensa, ¿realmente hay persona en el mundo que pueda aguantar una crítica continua, un sentir que nada de lo que hace está bien? ¿Tú crees que eso va a funcionar en tu relación de pareja?