En el mundo actual hemos perdido algo tan sencillo y eficaz como el hecho de dar las gracias a las personas que, de una forma u otra están contribuyendo a nuestro bienestar.
Y este embrutecimiento parece ser la tónica general que nos rodea constantemente. Pensamos que tenemos derecho a todo y, por tanto no debemos de tener ese mínimo de cortesía de dar las gracias, al funcionario que nos gestiona un expediente, al vendedor en la tienda, al barrendero, al maestro, al médico que nos atiende y cuida de nuestra salud, al sacerdote… en fin a tantos y tantos que de una forma o de otra contribuyen como digo, a nuestro bienestar.
Hay un caso sangrante de no dar las gracias a las personas que nos quieren. Esto es particularmente grave en el matrimonio. El marido, o la mujer, se creen que tienen derecho a todo porque ya están casados.
Si tu mujer, tiene el detalle de ponerte un desayuno excelente, ¿para qué vas a tener la consideración de darle las gracias por esa atención? ¿Acaso no es esa su obligación?
Esta es la forma pobre y triste de muchos esposos en su tratamiento. No han aprendido todavía la magia de dar las gracias a su cónyuge.
Yo te invito a que seas inteligente en tu relación contribuyendo a mejorarla. Empieza a dar las gracias a tu esposo o a tu esposa por todo aquello que estás recibiendo.