La honestidad en un político es un oximorón. Algunos ingenuos bajan a la política.
No me fío de quiénes están en política. Yo he estado en política. Por honestidad lo dejé.

Hay dos clases de personas en política: los sinvergüenzas o profesionales de la política y las personas honestas que quieren contribuir al bienestar social.

Los sinvergüenzas y los profesionales de la política.

Ya conocemos de lo que es capaz un sinvergüenza.
Un profesional de la política solo defiende sus intereses particulares ─o algunas veces también los intereses de su partido, pero nunca los de la sociedad. No le importará prostituirse y venderse al mejor postor siempre que salga beneficiado. Los principios y valores morales brillan por su ausencia.

Las personas honestas en política ¿cuál es su futuro?

Por desgracia no tienen futuro. ¿Por qué?

─ Una persona honesta entra en política. Con su honestidad pone en entredicho las actuaciones del resto. Por tanto los demás proceden a su eliminación. Vale cualquier medio. Antes los métodos eran más groseros. Ahora practican otras formas, pero el resultado es el mismo. Acaba siendo eliminado. Incluso por quiénes lo han promovido en la política, pues los que lo han votado no buscan el bienestar social, sino que sus intereses particulares sean atendidos, aunque suponga esta atención un menoscabo injusto hacia los demás. Si no lo eliminan, se va asqueado.

─ Ve que está rodeado de mierda y al final se hunde en la misma. ¿Qué razón tiene seguir siendo honesto si aquí todo el mundo hace lo mismo? Era honesto. Ya no lo es.

─Ahora el honesto más peligroso, pues no duda en renunciar a sus principios y valores, porque de esa forma se autoconvence de que ciertas cosas no serían posibles. Es el que no duda en vender a su mujer y a su hija porque va a recibir una importante cantidad de dinero que solucionará los problemas de la familia. A continuación un supuesto.

Supongamos que una familia está atravesando un momento dificil. Necesita imperiosamente una importante cantidad de dinero. En esto que le llega un señor y le hace la oferta al esposo:
─Mira que he pensado que si me dejas estar con tu esposa o con tu hija te doy lo que necesitas.
¡Qué me dice! ¡No me insulte de esa manera!

Pasa un poco tiempo. La familia sigue con las dificultades. Se ponen a pensar. Si hiciéramos eso, resolveríamos los problemas…pero es tán duro. Hablan entre ellos.
─¿Sabes mujer que…si cediéramos en…?
─Oiga. Deme el dinero, que estoy de acuerdo.

Esta es la forma más perversa de los honestos, de los que proclaman su honestidad. Y de los que se justifican posteriormente diciendo que si continuan manteniendo los principios, valores y promesas que hicieron al principio, no podrían hacer más cosas y entonces tienen que ceder y no pueden mantener lo prometido.

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