El cristiano y la política

Esto de ser cristiano a veces se nos hace complicado. El cristiano y la política: ¿son incompatibles? Por ejemplo, la Iglesia no es una realidad puramente celestial e invisible -aunque muchos así lo entienden-, porque los cristianos, en principio son personas normales y corrientes, vamos que pertenecen al género humano y no son extraterrestres.

La Iglesia parece que tiene que ser como un fermento sobrenatural para la sociedad humana. Pero la Iglesia ejerce, o debiera, su influencia sobre el pueblo cristiano. La sociedad que vivimos, disfrutamos y sufrimos es fruto en gran parte de las actitudes de unos hombres para con los otros. A través de los complejos mecanismos de la sociedad se puede ofender a Dios y herir al prójimo, o servir a Dios y a los hermanos, es decir al resto de la sociedad, según los designios divinos. Al menos algo así se dijo en La Iglesia y la Comunidad Política. Declaración Colectiva del Episcopado Español. Diciembre de 1972. Nº 16.

La vida política tiene también sus exigencias morales. Tenemos más que fresco el caso de la familia de Jordi Pujol, o los famosos ERES en nuestra Andalucía, o las cosas que pasan en la Comunidad Valenciana, y en tantos y tantos sitios…

Sin conciencia, sin moral, sin ética, la actividad política es un poder destructivo.

Está más que claro que sin una conciencia y sin voluntad éticas, la actividad política degenera tarde o temprano en un poder destructivo. Las exigencias éticas se extienden tanto a la gestión pública en sí misma como a las personas que las dirigen o ejercen. El espiritu de auténtico servicio y la persecución decidida del bien común, como bien de todos y de todo el hombre en su dignidad personal es lo único capaz de hacer limpia la actividad de los políticos, como el pueblo justamente, así lo exige.

Esto lleva consigo la lucha abierta contra los abusos y corrupciones que puedan darse en la administración del poder y de las cosas públicas.

No es cierto que democrático sea igual a justo.

La Iglesia respeta la legítima autonomía del régimen democrático y piensa también que se sobrevalora y se desvirtúa la democracia cuando se la convierte en un sustituo de la moralidad. Aquí mucho cuidado con los consensos. Yo puedo puedo consesuar una inmoralidad, un crimen, que por mucho consenso que haya no dejará de ser una inmoralidad, un crimen. ¡Cuidado con tantos políticos de tanto consenso!. No es cierto que democrático sea igual a justo.

Así que querido cristiano, ¿qué retos has de afrontar en tu vida política? Te recuerdo que puedes participar de una forma activa en la política, o también de una forma menos activa con las exigencias que tienes para tus representantes políticos.

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