Sencillamente, El Evangelio

Es el manual de instrucciones perfecto para la vida. Pero sucede que hay que saber leerlo. Lo más complejo es su aplicación en la vida diaria. Se necesita ser una persona con deseos de vivir la autenticidad para poder aplicarlo.

Para acercarse a la lectura de sus instrucciones hay que tener una mente limpia y despejada de toda la «sabiduría mundana». Solamente los que están libres de prejuicios pueden observar sin juzgar. La gente lista hace juicios enseguida.

Si somos demasiado listos, demasiado rápidos, creeremos que estamos entendiendo, pero no lo comprendemos en absoluto.

Seguir y aplicar sus instrucciones es la garantía de vivir una vida plena como persona.

En las dificultades de la vida, basta volver a su lectura para comprender los pasos a seguir para afrontarlas.

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