Escúchame, progre

Toda persona tiene el derecho natural de ser reconocida como un ser libre y responsable, y reconocer en ella el derecho al ejercicio de la libertad. Así lo exige la dignidad de la persona humana. Yo estoy por la dignidad de la persona por lo que tengo derecho a sentir y pensar diferente de tí.

Ya sé que eres el máximo defensor de la libertad de expresión, pero siempre que se piense como tú. Si no pienso como tú soy malo malísimo.

Pero verás, por más que te empeñes, tú no puedes impedir que siente y que manifieste lo que te voy a contar, aunque sea sin tu permiso.

  1. Sobre la vida. La persona es sagrada e inviolable, desde la concepción hasta la muerte natural. Cuando se aborta, se mata. Abortar no es quitarse un grano. No se respeta la vida tampoco cuando por parte de todos, de la sociedad, del Estado, no se procuran las condiciones mínimas para que todas las personas tengan derecho a una vida mínimamente digna.
  2. Sobre la familia. La familia nace del compromiso conyugal. El matrimonio es un voto, en el que un hombre y una mujer hacen donación de sí mismos y se comprometen a la procreación y el cuidado de los hijos.
  3. Sobre la libertad de enseñanza y educación de los hijos. Los padres tienen el derecho y el deber de educar a sus hijos. Son ellos -no el Estado, ni los empresarios educativos, ni los profesores- los titulares de ese derecho.
  4. Sobre el Bien común. El Estado está al servicio de la sociedad y no al revés. El papel de la autoridad es ordenar la comunidad política no según la voluntad del partido mayoritario sino atendiendo a los fines de la misma, buscando la perfección de cada persona, aplicando el principio de subsidiariedad y protegiendo al más débil del más fuerte».
  5. Sobre la libertad religiosa. La libertad religiosa es una exigencia ineludible de la dignidad de cada hombre y piedra angular del edificio de los derechos humanos. En la Constitución Española (Art. 16), se garantiza la libertad religiosa y de culto. Nadie podrá ser obligado a declarar sobre su ideología, religión o creencia. Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones.
  6. El principio de laicidad exige al Estado que asegure el libre ejercicio de las actividades religiosas, culturales y caritativas de las comunidades de creyentes.
  7. Por tanto, «amigo progre» no concibo que como creyente tenga que suprimir una parte de mí mismo, de mi fe, para ser ciudadano activo.
  8. Pretendo profesar mi fe de cristiano católico. Entiendo, acepto y recomiendo una sociedad laica, pero no laicista. ¿Por qué atacas mi fe y en cambio eres el más entusiasta defensor de la tolerancia, la integración y el entendimiento con otras religiones?

Por hoy termino.

Todavía me quedan muchas más cosas.

Recuerda, si lo que pretendes es avanzar, crecer como persona, contribuir en la medida de lo posible al bienestar de los demás, comienza por respetar a quienes en el ejercicio de su libertad inherente a su dignidad como personas, sienten y piensan distinto de tí.

Y todo esto, ¿sabes por qué?
Porque la verdad es lo que es y seguirá siendo verdad aunque se piense al revés.

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