Segundo post de la serie.
Este enfoque que os comento seguidamente es el de centrarse en el otro. En el post anterior la visión de la relación conyugal estaba centrada en yo, yo, yo, mí, me, conmigo.
El cónyuge está únicamente para mi servicio.
Visión centrada en el otro. Como si yo no existiera.
Esta es la visión totalmente contraria a la anterior. Quién enfoca su matrimonio bajo esta visión solamente piensa en vivir para el otro, para hacerle la vida lo mejor posible o facilitarle al máximo que pueda conseguir sus objetivos. Suena bien esto ¿verdad? Parece que es propio de personas muy enamoradas, pero la cuestión es que yo vivo para tí, pero olvidándome de mí. Esto no es funcional.
¿Cómo se manifiesta?
El cónyuge que tiene esta visión de su relación matrimonial:
- En el plano sexual siempre está disponible para el otro, en cualquier momento y circunstancias. Lo contrario estaría en contra de su norma de «generosidad y entrega» pues no podría estar centrado en el otro.
- Como acompañante también está disponible en todo momento. Siempre se une a cualquier actividad o gusto del otro, sin que cuente para nada ni considere si le gusta lo del otro, si le agrada o no. Por ejemplo, el manido fútbol. A uno no le gusta, pero siempre está acompañando al otro en todos los partidos y nunca considera la posibilidad de tener gustos propios.
- Apoya al otro en todo tipo de decisiones que tome. Apoyo incondicional, de lo que sea. Si por cualquier circunstancia, el otro cónyuge le pide opinión, a lo mejor la da, pero por supuesto sin que se tenga que considerar ¡faltaría más!
- Curiosamente también se presenta un matiz. Con cierta frecuencia el cónyuge que tiene esta visión, que vive nada más que para el otro, toma la postura de evitarle al cónyuge la preocupación de tener que tomar decisiones y de asumir las consecuencias. Este cónyuge asume como propias las responsabilidades que le corresponden al otro. Parece que le está diciendo continuamente: «Niña, no te preocupes de nada, que yo me encargo de todo. Yo te manejo el dinero, yo te compro el coche que quieres, yo te compro los vestidos, yo decido por tí a dónde vamos a ir, a quiénes vamos a invitar a nuestra casa, a…» El resultado de esto es la infantilización del otro. Ya no es adulto. Es como un niño chico. Los demás ven esto y dicen: «Fulano hay que ver lo que quiere a Fulana»
¿Qué peligros tiene?
Aquí el cónyuge que participa de este enfoque se esfuerza continuamente por amoldarse a las expectativas del otro, de sus gustos, de sus preferencias, de su estilo de vida etc. Siempre con sumisión y sin que tenga la posibilidad de manifestar rebeldía alguna. Es decir, deja de ser él mismo. Querer no significa que yo tenga que dejar de ser yo y renunciar a mi como persona. Si esto es así el matrimonio no funciona.
¿Cuáles son sus consecuencias?
Hay que andarse con mucho cuidado con este tipo de cónyuges. En nuestra sociedad está muy bien visto esto de tanta generosidad y deseo de agradar al otro. De tí dicen enseguida que eres muy buena persona. Y este cónyuge, en principio tan a gusto por ello. Familiares y amigos no hacen nada más que halagarlo por «sus buenos sentimientos»
- Esta forma de relación establece un sistema ventajista entre los esposos. Uno beneficiado. El otro no. Se produce por tanto un desequilibrio en la relación.
- Con el paso del tiempo, el cónyuge que vive nada más que para el otro se va agotando, se va debilitando, se va anulando.
- Se inicia un proceso de victimización. ¿Cómo es posible que mi esposo/a se aproveche de mí de esta forma? Con todo lo que estoy haciendo por él/ella ¿por qué no hace lo mismo conmigo?
- Existe una gran posibilidad de que el otro, ante el infantilismo mostrado por este tipo de cónyuge, busque relacionarse con otro que le ofrezca más solidez, más madurez. Si además de tanto «servicio» el otro cónyuge se encuentra con una infidelidad, ya me podéis decir por dónde van a salir las cosas.
- También se puede producir una infidelidad por parte del cónyuge alocéntrico, porque buscará encontrar en esta nueva relación el equilibrio perdido. Si su pareja no corresponde a sus esfuerzos por darle gusto y cubrir sus necesidades, el sentimiento de víctima poco a poco se va convirtiendo en justificación para encontrar la atención en los brazos de otra persona.
- En el caso de las mujeres, cuando el varón se entrega al servicio de su esposa y vive nada más que para mimarla, darle gusto en todo, y ajusta sus decisiones a los deseos de ella, tarde o temprano la mujer le falta al respeto, le critica su falta de «hombría», e incluso buscan otros que sean más «hombres».
Entradas anteriores de la serie:
Enfoque tóxico 1: Visión centrada en mí
Enfoque tóxico 2: Visión centrada en el otro.
Enfoque tóxico 3: Visión centrada en la relación misma
Enfoque tóxico 4: Visión centrada en lo exterior al matrimonio.