Visión centrada en la relación misma.Este es el tercer enfoque tóxico para vivir un matrimonio.
Los esposos se centran más en la relación misma (el matrimonio) que en ellos dos.
Este enfoque lleva ineludiblemente a la ruptura de pareja.
Atención antes de seguir: Cuando hablo de fracaso matrimonial no me refiero a la simple ruptura, que sería la forma más vulgar de fracaso. Hay otro fracaso más doloroso como es el de vivir una relación toda la vida en la que no se consigue un mínimo de plenitud en la relación, y se vive como una amargura. Hay matrimonios que duran toda la vida con una magnífica fachada. Pero pasa como los sepulcros blanqueados. ¡Qué bonitos! Pero sólo tienen un cadáver.
Seguimos.
Algo que caracteriza a estos matrimonios que tienen este enfoque es que buscan ante todo llegar a ser la pareja perfecta.
Para ello, lo primero que hacen es negar la posibilidad de tener algún tipo de dificultad en su relación. No pueden existir las diferencias, las discusiones, las desavenencias, conflictos o problemas que puedan plantearse.
Al negar la posibilidad de cualquier problema, lo primero que hacen es no tratarlo, no hablarlo. Los problemas cuando no se tratan y se hablan lo que hacen es acumularse. Piensen lo que sucede cuando los problemas se acumulan y no se tratan.
Se produce por tanto un primer problema que es la falta de comunicación entre estos esposos. Nunca hablan ante el temor de desatar los problemas no tratados. Por ejemplo, en el campo de la sexualidad pierden rápidamente la «pasión» de los primeros momentos. En mi tierra se dicen que acaban «hermanados». No se ven como hombre y mujer. La búsqueda del placer ha quedado relegada a más que un segundo plano, pues su matrimonio es perfecto y no pueden tener dificultades.
Te pregunto, ¿cuántas veces has tenido temor de tratar un tema con tu cónyuge porque ello rompería vuestra idea de pareja perfecta? ¿Cuántas veces se han quedado cosas sin tratar por este temor? ¿Cuántas veces has dejado de ser tú para que tu matrimonio «parezca que funciona»?
Estos esposos olvidan algo esencial: somos personas imperfectas, soy una persona imperfecta que me he casado con otra persona imperfecta y por tanto nuestra relación tiene que ser imperfecta.
Pero estos esposos lo que hacen es sacrificar todo por el «bien de su relación». Pero -aquí está el peligro– dejan de ser ellos. Asistimos al fortalecimiento de la relación (don Perfecto y doña Perfecta, ¡qué matrimonio más majo, qué bien se llevan, nunca discuten) con el menoscabo de ellos dos como personas.
Normalmente este enfoque determina una relación tan afixiante que con mucha frecuencia, la única forma posible de escapar es la infidelidad, infidelidad que se ve como una liberación.
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