Presumimos de querer a nuestro esposo/a lo cual conlleva a aceptarlo tal y como es.
Esto queda muy bonito, pero en el fondo, lo que queremos y deseamos es que sea como a nosotros nos gustaría que fuera.
Solamente el amor maduro de personas maduras es capaz de contemplar y considerar la aceptación del otro tal y como es, no como deseamos que sea.
Como orientador familiar y monitor de preparación al matrimonio, siempre me quedo asombrado de la ingenuidad de los novios o de los matrimonios con pocos o muchos años ya de vida en común. Y este asombro es porque, piensan que no tienen que recibir ningún tipo de formación y aprendizaje en estas cuestiones.
Y luego pasa lo que pasa. Si queremos que nuestro matrimonio funcione, este ha de cumplir con una serie de principios. Hoy quiero plantear el principio de la aceptación en el matrimonio del otro/a. Si algo define a los novatos en el amor es que quieren mucho, pero siempre a «su manera», no según las necesidades del otro. Nos casamos y pensamos, en este amor naciente que sufrimos, que podemos y debemos cambiar al otro. Lógicamente el cambio es a nuestro interés.
¿Pero tú crees que tu cónyuge va a cambiar? ¿Todavía fantaseas?
A estas alturas de la vida, seguramente que ya hemos abandonado la fantasía de cambiar a nuestra esposa/o. Ser un buen cónyuge significa ser una persona tolerante y aceptar al otro como es. Acaso ¿no es esto lo que nosotros queremos también? ¿No queremos que nos acepten tal y como somos? Si llevo muchos años de matrimonio es por la aceptación y amistad que mantengo con mi esposa. Dicen en Fuerte del Rey, mi pueblo que «el que lechón nace, marrano muere». Seamos prácticos. Por mucho que lo intente, mi pareja no va a cambiar demasiado.
¿Y si mi cónyuge se comporta de una forma inaceptable?
Esto no quiere decir que debamos aceptar una conducta inaceptable. Aceptar abusos o adicciones no es correcto. Pero en la mayoría de los casos no es eso lo que intentamos modificar. En la mayoría de las ocasiones, lo que intentamos es modificar la personalidad del otro. Tenemos un matrimonio imperfecto porque somos personas imperfectas. Pensemos que somos fruto de una familia, de una educación, de unas experiencias en la vida que nos han ido conformando como somos. Apreciemos todas las buenas cosas que nos ofrece y tiene el otro. Y, con respecto a sus defectos y limitaciones, seamos pacientes. No olvidemos que el mayor regalo que podemos ofrecerle a nuestro esposo/a es la aceptación. Aceptarlo tal y como es, porque casi siempre la intimidad profunda y un matrimonio duradero son el resultado de una aceptación de la pareja. Aceptar al cónyuge tal y como es, cumple con el compromiso matrimonial que un día adquirimos cuando nos casamos.