Si no hay generosidad en cada uno de los esposos, hacia el otro, consigo mismo y con la relación, el matrimonio simplemente no funciona. Lo detecto una y otra vez en mi trabajo en la orientación familiar. Con frecuencia falta generosidad. Estamos en una sociedad y en un mundo que tal parece que ser generosos como que está fuera de lugar. Siempre el yo, yo, yo y siempre yo.
¿Y la generosidad con el otro?
Queremos paliar nuestra falta de amor con terapias. La terapia la tomamos como un bálsamo para eludir nuestra responsabilidad. Tiempo es de reflexionar: menos terapias y más amor.
La generosidad es como el lubricante para la máquina del matrimonio. Sin lubricante para las piezas, el motor se estanca, se atora, se estropea. No funciona. No tenemos un mal motor. Tenemos un descuido en el mantenimiento del motor.
Y junto con la generosidad el dar las gracias al otro, el agradecimiento.
Lamentablemente no somos adultos, tenemos un comportamiento infantilizado en nuestras relaciones de pareja. Esto nos lleva a no ser generosos, a no ser agradecidos.
¿Cómo andas de generosidad con tu pareja? ¿Andas más bien escaso y te quejas porque tu relación no funciona? ¡Sé más generoso! Verás como tu relación mejora.