Lo que nos irrita esto de los «Papeles de Panamá» no es que lo hagan algunos, sino que nosotros no podemos hacerlo. La cuestión es que no disponemos del suficiente dinero para llevar a estos paraísos fiscales.

Que todos somos unos cínicos por criticar esto se pone de manifiesto cuando podemos evitar por ejemplo, el pago del IVA en cualquier factura.

«Señora, ¿lo quiere con IVA o sin IVA?»
Sin IVA naturalmente.

El fraude parece que es algo que va en nuestra genética.

¿Se acuerdan del episodio del Lazarillo de Tormes? Sí, ese del racimo de uvas.

Cuando salimos de Salamanca, decidió venir a tierra de Toledo. Porque decía que la gente era más rica, aunque no muy limosnera . Se acogía a este refrán: » Más da el duro que el desnudo » … Acaeció que, llegando a un lugar llamado Almorox al tiempo que cogían las uvas, un vendimiador le dio un racimo de ellas en limosna. Y como suelen ir los cestos maltratados, y también porque la uva en aquel tiempo está muy madura, se le desgranaba el racimo en la mano y si se lo echaba en el fardel se tornaba mosto.

Acordó de hacer un banquete, así por no poder llevarlo como por contentarme: que aquel día me había dado muchos rodillazos y golpes. Sentámonos en un valladar y dijo:

Agora quiero yo usar contigo de una libertad, y es que ambos comamos este racimo de uvas y que hayas de él tanta parte como yo. Partirlo hemos de esta manera ; tú picarás una vez y yo otra, con tal que me prometas no tomar cada vez más de una uva. Yo haré lo mismo hasta que lo acabemos, y de esta suerte no habrá engaño.

Hecho así el concierto , comenzamos; mas luego del segundo lance , el traidor mudó propósito, y comenzó a tomar de dos en dos, considerando que yo debía hacer lo mismo. Como vi que él quebraba la postura , no me contenté ir a la par con él; más aún pasaba yo adelante; dos a dos y tres a tres, y como podía las comía.

Acabando el racimo, estuvo un poco con el escobajo en la mano, y meneando la cabeza, dijo:

– Lázaro: engañado me has. Juraré yo a Dios que has tú comido las uvas de tres en tres.

– No comí – dije yo – ; mas, ¿por qué sospecháis eso? – … Respondió el sagacísimo ciego:

– ¿Sabes en qué veo que las comiste tres a tres?. En que comía yo dos a dos y tú callabas.

Por lo tanto, por favor, no me sea cínico.

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