En la anterior entrada planteaba la cuestión del significado del compromiso matrimonial: QUIERO QUERERTE.
La superación de la noche oscura en el matrimonio está fundamentada en este punto ¿de acuerdo? Bien.
Pero el matrimonio es un amor de reciprocidad entre los esposos.
El amor aquí siempre va en dos direcciones, de uno a otro. A veces esta reciprocidad como que queda en suspenso, pero siempre está ahí. Y ello simplemente porque el matrimonio sin reciprocidad entre los esposos no es un matrimonio.
Quiero quererte. ¿Y si tú no quieres ser querido por mí? ¿Y si tú no quieres quererme?
Por más que me empeñe, sin esta reciprocidad, aunque sea mínima nuestro matrimonio no funcionará, y no funcionará porque no hay matrimonio.
Con mucha frecuencia, la noche oscura también es la constatación simple y sencilla de un error en la elección de la persona al casarnos o de casarnos. Seamos sinceros. No podemos culpabilizarnos de algo que es muy humano. A veces los sentimientos hacen que no seamos objetivos. Nos dejamos llevar por intuiciones, sensaciones, deseos o cómo queramos llamarlo. Luego el tiempo, nos viene a indicar que no tuvimos conocimiento en la decisión que tomamos.
Para casarse es necesario tener CONOCIMIENTO.
Conocimiento ¿de qué hay que tener conocimiento?
- Conocimiento de uno.
- Conocimiento del otro.
- Conocimiento del compromiso que adquirimos al casarnos.
Mi experiencia personal es que nos casamos sin estos conocimientos básicos. Con el paso del tiempo vamos construyendo nuestro matrimonio y entonces vamos adquiriendo estos conocimientos, conocimientos siempre incompletos y que aumentamos día a día, pues eso es un matrimonio, una construcción de una casa siempre sin terminar.
Construcción. Para construir una casa hace falta cemento. El cemento, que también es fundamental en los pilares de la casa, para el caso del matrimonio es el respeto. Respeto entre y cada uno de los esposos. Respeto también al matrimonio mismo. Previo al amor está el respeto. Es imposible amar aquello que no se respeta.
La noche oscura en el matrimonio tiene que tener luces. Las luces a veces aparecen simplemente con preguntarnos.
- ¿Respeto a mi cónyuge?
- ¿Me siento respetado/a por mi esposo/a?
- ¿Hay respeto en mi matrimonio?
El respeto es lo que facilita el conocimiento del uno y del otro. Para este conocimiento es precisa una comunicación. ¿Nos hemos comunicado o hemos estado evitando en todo momento el hablar sobre aquello que sabíamos que no estaba bien?.
La noche oscura es una etapa de crisis en el matrimonio. La crisis en el matrimonio, lo mismo que en las enfermedades, es un momento decisivo. Y es decisivo porque se ha de tomar una decisión que simplemente hará que se pueda sanar la relación o bien dejarla que muera. No tomar ninguna decisión, y dejar que las cosas sigan es prolongar una agonía en una muerte cierta.
En el artículo anterior hacía recordatorio del compromiso que tenemos en el matrimonio: quiero quererte. Este compromiso es para los dos. Pero y si uno de los esposos no tiene, no quiere tener ese compromiso de querer también al otro ¿tiene sentido querer a quién no quiere ser querido?.