Al pasear por esta calle, el domingo pasado, ví estos reflejos en el edificio al inicio de la calle Millán de Priego. Aparecen las edificaciones de la acera de enfrente, reflejadas y distorsionadas.

Me llamó la atención porque me vino la imagen que tenemos nosotros también del mundo que nos rodea, de las personas con las que tenemos contacto. Casi siempre, por nuestros prejuicios, vemos solamente un reflejo distorsionado de la realidad de la otra persona.
Lo lamentable de esto es que no vemos la realidad, sino una interpretación que hacemos. Esto es causa muchas veces de no poder tener un encuentro con la realidad de la otra persona. Nos dejamos llevar por nuestras interpretaciones (casi siempre erróneas y sin fundamento) y no podemos celebrar un encuentro con la vida, y con las personas.