La sexualidad es un don.
El cuerpo de cada uno de los esposos es un valor para el amor.
El cuerpo nos sirve para manifestar y comunicar nuestro amor.
El cuerpo de los esposos es un lugar de comunicación
Bonita consideración, ¿verdad?
Pues fijáos que de aquí nace una invitación expresa a cultivar también la belleza, el estar bien,el cuidarse, y a no perder el gusto por mostrar nuestro afecto.
Aquí tienen sus raíces el deseo, la pasión y la atracción.
Atracción que no se pierde con el paso del tiempo cuando dos se quieren.
El encuentro corporal y sexual entre los esposos no solamente manifiesta el amor que se tienen, sino que contribuye también a que este amor crezca.
El amor nace del ver, tocar, del sentir, de todas estas experiencias ligadas al cuerpo.
No me creo que los esposos se quieran y no se abracen, no se acaricien, no se besen…
Curioso que el cuerpo además de ser un camino para la comunicación, también sea el lugar donde el amor cobra autenticidad y se promueve. El amor conyugal crece y se perfecciona cuando los esposos «hacen el amor». El amor de los esposos crece y se perfecciona a través del cuerpo. El cuerpo no tiene sólo la función de transmitir el amor, sino también la de purificarlo, la de hacerlo más auténtico. El encuentro sexual entre los esposos es el momento que les obliga a descubrirse como personas, a comprenderse, a manifestarse en profundidad, a darse cuenta de cómo es su relación y por tanto ver qué cosas pueden mejorar de ésta.
La relación sexual obliga a salir de sí mismo para encontrarse con el otro. No es el único medio, pero sí uno de los más densos de encontrar al «otro».
La misión de la procreación ya no es el único significado de la relación sexual. También existe el significado relacional: las relaciones sexuales están al servicio de la pareja, pues a través de esta relación, los esposos, la pareja se pueden mostrar mutuamente esperanza, reconciliación y amor.