Una consideración previa antes de nada: para resolver las dificultades que está atravesando, hay que enfocarlas desde el punto de vista de una persona adulta. Una persona adulta no es la que ha cumplido unos cuantos años. Ser adulto es otra cosa distinta, supone antes que nada madurez.
La madurez es lo que nos permite afrontar y ver la realidad tal y como es. La realidad la mayor parte de las veces se nos muestra con bastante dureza. Es dura, y también causa dolor. Por eso esto solo puede ser afrontado por una persona adulta.
Ver la realidad de las cosas es el primer paso para solucionar la situación que nos está haciendo sufrir. Ver la realidad hace que tomemos el enfoque adecuado para superar y afrontar nuestras dificultades.
¿Por qué esta situación que está viviendo le hace sufrir?
¿cómo es que se ha llegado a esta situación?
Parece que las estrategias con las que ha trabajado no han dado resultados.
Por tanto, no es cuestión de usted, de moral, de pensar negativamente sobre uno.
¿Siente usted respeto por sí mismo?
No se enfade. Simplemente hágase esta pregunta.
Tal como ha planteado su situación respetarse a usted mismo ha estado ausente en la mayor parte de su relación.
Verá. Previo al amor, al matrimonio, al compromiso entre dos personas, a cualquier relación entre las personas, está el respeto. El respeto es esencial. No podemos querer y apreciar aquello o a a quellas personas por las que no sentimos respeto alguno.
El respeto empieza por uno mismo. Si uno no se respeta, no puede esperar respeto alguno de los demás. El respeto pues, ha de estar presente en uno mismo, hacia el otro y también con la relación misma.
El respeto es lo que permite que podamos establecer un compromiso. El matrimonio es ante todo un compromiso, con uno mismo, con el otro y con la relación misma.
En el compromiso del matrimonio, además de otros muchos (aquí puede ver en qué consiste el compromiso matrimonial), está la cuestión de la fidelidad entre los esposos.