Yo, que soy un ingenuo, he tenido un sueño. He visto en el sueño que una persona, un grupo de personas, la mayor parte de la población hacían el bien, o lo que es más sencillo, todas estas personas de mi sueño cumplían con sus funciones debidamente y sin egoísmo alguno.

Y entonces he visto también como se creaba y multiplicaba como un bienestar, difuso, pero que ahí estaba, que estimulaba, que fomentaba la creatividad, la vida, que ilusionaba a todos

Y podía ver cómo:

  • los funcionarios cumplían y tramitaban fluidamente todos los expedientes.
  • los servicios servían.
  • los maestros, los profesores, todos los docentes enseñaban cuanto podían y sabían.
  • la sanidad curaba, atendiendo con rapidez y acierto por lo general en sus diagnósticos.
  • los gobernantes gobernaban, y administraban eficazmente los dineros públicos y en obras útiles mediante procedimientos justos y equitativos, etc, etc, etc.
  • los padres querían a sus hijos sin sofocarlos, humillarlos o deformar su carácter.
  • los matrimonios y los novios se entendían y se perdonaban sus detalles desagradables y pequeñeces; mejor aún, cada uno procuraba seriamente no desagradar al otro.
  • los parientes se trataban con cortesía y afabilidad (no forzada), sin meterse en la vida del otro.
  • los socios no engañaban ni procuraban cada uno quedar por encima y hacerse con más negocio, ni trataban asuntos a las espaldas del otro ni mucho menos pensar en traicionarle.
  • los tribunales de las oposiciones eran equitativos, justos y por tanto objetivos.

Y así muchas y muchas más cosas.

Y entonces desperté del sueño.

Y, verdaderamente si no soy ingenuo, quiere ser un ingenuo. Por cierto, que, mirando en el Diccionario de María Moliner veo cuál es su definición sobre el término ingenuo:

2 (n. calif.) adj. y n. Se aplica a la persona que no tiene malicia o picardía: que supone siempre buena intención en los otros, y cree lo que dicen, y, a su vez, habla y obra de buena fe y sin reservas.

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