Un trabajo digno para una sociedad decente

Veo la vida de cada día. Veo el trabajo que algunos tienen, otros no. Veo a los jóvenes que no pueden iniciar un proyecto de vida y de familia porque no tienen trabajo (este es un crimen del que ya daremos cuenta en su día), estamos ante un pecado social.

Un trabajo decente

Se está produciendo una transformación inmensa en la forma de entender y organizar el trabajo humano. Y cada vez, la gente dispone menos de un trabajo decente.

Un trabajo libremente elegido, que asocie efectivamente a los trabajadores, hombres y mujeres, al desarrollo de su comunidad; un trabajo que, de este modo, haga que los trabajadores sean respetados, evitando toda discriminación; un trabajo que permita satisfacer las necesidades de la familia y escolarizar a los hijos sin que se vean obligados a trabajar; un hacer oir su voz; un trabajo que deje espacio para encontrarse adecuadamente con las propias raices en el ámbito personal, familiar y espiritual; un trabajo que asegure una condición digna a los trabajadores que llegan a la jubilación (…)significa un trabajo que, en cualquier sociedad, sea expresión de la dignidad esencial de todo hombre y mujer” (Caritas in Veritate, 63)

La realidad

Y ¿qué es lo que tenemos? Pues cada vez tenemos un trabajo más indecente, bien porque no se tiene, por el desempleo que atravesamos, o porque se está transformando en un trabajo precario.

Y pasa que, en demasiadas ocasiones…

  • no es libremente escogido porque tienes que coger lo que sale
  • muchas veces no nos permite vivir desahogadamente ni cubrir un mínimo de necesidades vitales;
  • no nos permite con su precariedad tener un proyecto de vida y formar una familia, pues hoy trabajo ¿y mañana? pues vaya usted a saber…;
  • nos silencia. Con tanto paro y precariedad ¿quién se atreve a levantar su voz contra la injusticia?;
  • las reformas laborales solamente se hacen para menoscabar derechos de los trabajadores;
  • no atiende a la familia: quieren que no se tengan obligaciones familiares y que tengas todo el tiempo disponible para la empresa;
  • es una carrera de obstáculos para asegurar la jubilación (con un contrato a tiempo parcial vas más que “apañao” y que el Señor te coja “confesao”;
  • y eso de la dignidad de las personas ¿dónde queda?

En resumidas cuentas, estamos ante un pecado social los que nos decimos cristianos y creyentes. Claro que nos contentamos con rezar, ir a misa y desear “buenos deseos” a las personas necesitadas: “No te preocupes que rezaré mucho por tí”, frase oida recientemente a un empleador al despedir a un empleado.

─Mi recomendación personal para saber más: HOAC

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