Durante mucho, mucho tiempo, junto con mi esposa hemos estado impartiendo cursos de preparación al Sacramento del Matrimonio. Siempre lejos de espiritualidades mojigatas, de visiones beatíficas y de planteamientos alejados de la vida.
Hay dos cosas muy simples en la visión que tenemos del Sacramento del Matrimonio, y que no sé por qué razón, no se acentúa su significado en los cursos que se imparten:
- Primacía del amor sobre cualquier otra cosa. Al casarse en la Iglesia se reconoce públicamente el valor del don del amor, y los esposos se comprometen a darle primacía sobre cualquier otro compromiso o cualquier otra ocupación. Antes que el trabajo está el amor de la pareja; antes que el dinero o la carrera profesional está la relación con el esposo/a; antes que la actividad pastoral —si uno piensa ser cristiano comprometido— está el «velar por el propio amor».
- El Sacramento del Matrimonio es vivir el amor según la palabra de Dios. La pareja que se casa en el Señor dice que va a orientar su vida matrimonial y familiar en la palabra de Dios. Para las decisiones del día a día se va a confrontar con ella, se va a dejar iluminar por ella, se va a dejar conducir y estimular por ella. Si no es así, entonces la pareja no se ha casado en el Señor, por mucha ceremonia que se haya celebrado en la iglesia. La pareja ha de vivir el matrimonio a la luz de la palabra de Dios.
Lo curioso del caso es que la mayoría de los que se casan en la Iglesia no conocen a Cristo. Posiblemente, por tanto, no van a vivir su matrimonio a la luz de la palabra de Dios.