Porque nunca juzgó por las apariencias ni sentenció de oidas, pudo acogernos a mí y a mi esposa.

Por eso quiero recordarle en este séptimo aniversario de su fallecimiento —falleció el 21 de octubre de 2013 con mi exconexión de las redes sociales.

De él, aprendí que no hay que juzgar por las apariencias ni sentenciar de oídas. Esta es una aplicación práctica de su vida en la fe.

Las redes sociales, Facebook, Twitter y tantas otras como hay, solo nos llevan a un mundo deshumanizado y de violencia, en el que juzgamos por las apariencias y condenamos de oídas.

Desde hoy, empiezo a estar exconectado de las redes sociales. Fíjate bien. Digo exconectado y no desconectado. No quiero la violencia, la manipulación y la deshumanización a la que nos llevan las redes sociales.

Un cordial saludo para tí como lector.

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