Pseudocristianos: divorcio entre fe y vida

En una concepción infantilizada, no adulta, de la relación del cristiano con Dios, su vida religiosa se limita a participar en los sacramentos (consume sacramentos) esperando así tener «contento» a Cristo, buscando en este infantilismo más que nada su posible «salvación y disfrute de la vida eterna».

Si vemos cómo se desarrolla la vida de la mayoría de los cristianos, notamos el católico tiene desactivado, por así decirlo, el sentido social. Desactivación que tiene su origen en la falta de conocimiento y de reflexión sobre esta dimensión esencial en la vida del cristiano.

Es este uno de los más graves errores del cristiano de hoy: el divorcio entre la fe y la vida social, la vida del día a día. Ocupaciones profesionales, laborales, sociales y religiosas son una misma cosa. El cristiano que falta a sus obligaciones temporales (la vida diaria) falta a sus deberes con el prójimo, y sobre todo, está faltando a sus obligaciones para con Dios.

Ante la dramática situación que estamos viviendo de desempleo, marginación, pobreza, violencia…el cristiano no puede limitarse a decir: «No te preocupes que rezaré mucho por tí». Esto confieso, que lo he vivido hace poco con alguna persona cercana que oía esta frase tras ver cómo era despojada de su trabajo por un «cumplimiento legal» de un buen cristiano. No. No es esto lo que Cristo quiere.

Si vemos nuestra España llena de corrupción, de falta de carácter (por no decir otra cosa siendo caritativo) de nuestra clase política, que nos está llevando a un sufrimiento innecesario, a situaciones de suma injusticia, me pregunto cómo los que dicen ser cristianos tienen esta desafección, esta falta de interés e implicación ante los temas político-sociales.

¿Qué les falta a los católicos para mirar cara a cara la vida diaria? Me acuerdo de San Juan Pablo II en Christifideles Laici cuando decía: «nuevas situaciones, tanto eclesiales como sociales, económicas, políticas y culturales, reclaman hoy, con fuerza muy particular, la acción de los fieles laicos.

Un cristiano que no es adulto en su fe, vive un cristianismo infantilizado, pseudocristiano lo llamaría. Se dicen muchas palabras. Las palabras quedan muy bien. Decían los Obispos Españoles:

no existe ningún campo ni actividad alguna en la que el cristiano no pueda y deba incorporarse para luchar a favor de la justicia siempre que se trate de medios compatibles con el Evangelio: sindicatos y partidos políticos, asociaciones de vecinos, y asociaciones no gubernamentales de diversos movimientos en pro de los derechos humanos, la paz, la ecología, la defensa de los consumidores, etc. etc. etc; desfilar en manifestaciones y firmar manifiestos; asistir a mítines y encuentros, circulos de estudio y conferencias, y tantas y tantas formas más de colaborar con todos aquellos que luchan por un mundo mejor y una sociedad más justa y solidaria» (CEE: La Iglesia y los pobres, 50).

¿Cuándo creceremos en nuestra fe, dejaremos de ser pseudocristianos y empezaremos a implicarnos en esta vida? Un signo de crecimiento como personas y como auténticos cristianos es descubrir que la fe cristiana tiene un componente de compromiso social que ningún cristiano puede desantender. Conocer -desgraciadamente la mayoría de los católicos la desconocen- la Doctrina Social de la Iglesia puede ser un primer paso.

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