Frío en el alma. Y tristeza al ver los muros que nos separan por personas que no saben ser. Es fuente de este frío esas personas dedicadas a la atención de los demás -¡qué buenas son las buenas personas!- que solamente levantan muros, unos tras otro, impidiendo un encuentro.

Se rodean de un pseudomisticismo, o de un pseudocristianismo diría más bien. Pretenden manejar muchos saberes. Ya sabemos que hay tres saberes:

  • Primero es el Saber.
  • Segundo Saber hacer.
  • Tercero, Saber Ser

Ignoro cómo andarán de los dos primeros saberes.  Estoy seguro que del tercero es su asignatura pendiente, asignatura que por supuesto nunca superarán.

Me pregunto cómo harán su labor de orientación y escucha a las personas necesitadas de esta orientación y escucha.  Si no saben SER, ¿qué es lo que transmitirán?

Por supuesto su ego se quedará satisfecho.  ¡Qué buena labor que hago! ¿Cómo es posible que el mundo pueda funcionar sin mí? Tengo que darle gracias a Dios por haberme hecho así, tan humano, tan solidario, tan buena persona…

Digo que siento frío en el alma porque ya son demasiados los reveses sufridos con las buenas personas.

¡Quédense vuesas mercedes entre y con ustedes! que un «extraviado» como yo considero una bendición no contar con su aprecio.  Pero qué fría se me queda el alma.  Es el frío que siento cuando asisto a la parroquia, dónde todos van a rezar juntos, pero nunca unidos, dónde rezan ese Padre Nuestro, sin ser conscientes de qué están diciendo.  Si dicen Padre es porque son hijos y hermanos.  Miro.  Me pregunto.  ¿Dónde está el hermano?

Sigo con frío.  ¡qué buenas son las buenas personas!
Y siempre un muro.  Un muro.  Otro muro.  Otro muro más.

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