No tiene sentido hablar si pensamos que nuestra verdad es lo primero y lo único.

Nos identificamos con nuestras verdades.
Si se cuestiona nuestra verdad —aunque no sea la verdad, entonces nos sentimos cuestionados.
Entonces atacamos.
Entonces no escuchamos.
Porque puede que se demuestre que nuestra verdad no es la verdad.

Honestidad.
No queremos la verdad.
Queremos nuestra verdad.
Nos falta carácter para reconocer que podemos estar equivocados.

Entonces ¿qué sentido tiene que hablemos?
Hablar significa escuchar.
La única verdad es que no queremos escuchar.

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