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5 cosas que han hecho que mi matrimonio funcione.

septiembre 17, 2026

La vida es como una montaña rusa. Sube, baja, sube, baja, sube y baja.
En los 33 años de matrimonio (gratificante y que funciona) he visto cinco cosas que me han ayudado a que esto sea así.
Aquí te las digo.

Son reflexiones sobre mi propia vida y de la experiencia que he tomado en mi labor de Orientador Familiar en la atención a matrimonios.

El compromiso

Esto hay que tenerlo muy claro desde el principio. Cuando me casé, estaba más que asustado, pues sabía que me estaba comprometiendo para toda una vida. Teníamos un perspectiva a muy largo plazo. Y no teníamos claro qué nos iba a pasar a lo largo de la vida. Solamente que, nos habíamos elegido y que iríamos para adelante (compromiso). Hemos visto que la vida es como una montaña rusa, sube, baja, sube, baja, sube, baja…

Cerrar las salidas, cerrar la posibilidad de escaparse del compromiso.

Como teníamos más que claro este compromiso, esto exigía que teníamos que cerrar las salidas. Por ejemplo, al elegir a Carmen, renunciaba a todas las demás mujeres. Es decir cerraba la fantasía de si en algún lugar puede existir alguien que sea la media naranja perfecta. Tenía a Carmen y tenía que funcionar. Así, aunque aparecieran problemas a las primeras de cambio, era evidente que teníamos que hacer los esfuerzos necesarios para su superación.

¿Y eso del enamoramiento?

Hombre, pues unas veces muy, mucho. Otras veces menos. Pero hemos cambiado lo del enamoramiento por lo de amar. Leí hace ya mucho que amar es un verbo, es decir es una acción. El compromiso del matrimonio es Quiero Quererte. Y, amigo, no me veas los resultados cuando llevas esto a la práctica. El compromiso es madurez en este sentido. Repito: Quiero Qererte.

Hemos aprendido que el compromiso es también integridad por parte nuestra. Integridad en el sentido de saber quién soy, quién es mi mujer, tener la valentía de ser nosotros mismos el uno con el otro. He hablado de crecimiento. Y la integridad, ese estar yo contigo sin dejar de ser yo y tú estar conmigo sin dejar de ser tú, nos ha costado tiempo y trabajo. El sostén era el compromiso. No me puedo comprometer con quién no conozco. En este viaje también hemos aprendido a ser honestos con nosotros mismos. Al principio, para evitar conflictos caíamos en la tentación de dejar de ser nosotros mismos. Entonces, el ir creciendo también en confianza nos ha ayudado mucho. La confianza consiste en saber que mi Carmen siempre será quien dice ser y lo mismo yo.

LA VIDA NO ES FACIL, sino dificil, muy dificil.

Con el paso de los años, hemos podido más que comprobar que es más que dificil. Problemas de dinero, trabajo, salud (enfermedades), colegios, los niños, las niñas, alguna que otra tragedia que también nos ha visitado, las continuas frustraciones…Las profesiones cambian, los llegan, crecen y se van; nuestros padres envejecen, enferman y mueren… Al casarnos se nos dijo: «en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza». El compromiso de un matrimonio es una fortaleza ante esta aseveración. La única seguridad que tengo en la vida es que, no sé qué me deparará la vida en un futuro, pero sé que pase lo que pase mi Carmen estará conmigo. Esto, sencillamente hace que no tenga miedo alguno al futuro.

Hemos aprendido sobre todo que al ser la vida muy difícil, solamente es posible vivirla con la adaptación. Y la adaptación solo es posible con una gran capacidad de diálogo y comunicación. Estos han sido otros aspectos en los que iniciamos un crecimiento. Diálogo y comunicación. Si no existen, el matrimonio no es viable.

Y la vida, a pesar de lo dificil, también da muchas alegrías. Y las alegrías son motivo de celebración entre los esposos. Hay que aprender también a disfrutar de los buenos momentos y celebrarlos.

Preguntarme cuál es mi responsabilidad y contribución a que mi matrimonio funcione.

Vamos a ver. Yo no soy perfecto. Mi mujer tampoco. Dificultades en la relación, pues las naturales entre dos personas. ¿Qué hemos hecho? En los primeros años, solamente pensábamos en qué hacía el otro que metía la pata. Luego un cambio. En vez de ver qué hace el otro, me centro en mí.

  • ¿Cuál es mi responsabilidad y contribución al funcionamiento de nuestro matrimonio, de nuestra relación?
  • ¿Cómo hemos tratado cada uno los distintos aspectos de nuestra vida en común?
  • ¿He contribuido a superar las dificultades o he estado poniendo zancadillas?
  • Con mi forma de ser ¿hago que funcione la relación o entorpezco la convivencia?

Y también tengo que examinar la responsabilidad conmigo mismo. ¿Me respeto, me cuido, crezco y me defino como persona? En la medida que crezco como persona, estoy contribuyendo también a que mi matrimonio sea un matrimonio que funcione. Yo no puedo dejar de ser yo. Ello también lleva a que el otro, mi esposa en este caso, también pueda ser ella misma.

Tomar la iniciativa

La primera cuestión es no ser una persona que siempre está a la defensiva con respecto al otro. Estar esperando a ver qué pasa. La vida no funciona así. Tenemos que tomar muchas veces la iniciativa si queremos que nuestro matrimonio funcione.

He hablado anteriormente de qué ocurre cuando me centro en mí en vez del otro en ver mi responsabilidad y contribución en el funcionamiento de nuestro matrimonio. Ver estas cosas me pone de manifiesto en qué tengo que crecer, cuáles son los aspectos que he de pulir para que nuestra relación crezca. Tomar la iniciativa es, una vez que sé lo que tengo que hacer, ponerme a hacerlo. Empezar por cosas muy pequeñitas. Pero empezar.

Porque de esta manera hemos aprendido a acercarnos al otro. Esto es ser activo. Tenemos unas diferencias. Muy bien. Nos enfadamos, nos cabreamos, pero luego tomamos la iniciativa para acercarnos. Y acercarnos con las debidas correcciones.

Siempre, y soy cabezón, vuelvo al estado natural de la persona humana: el crecimiento. No soy perfecto ni pizca que me apetece. Y mi mujer tampoco. Pero sí vemos que podemos crecer, aunque sea poco a poco. Y que este crecimiento hace que nuestro matrimonio funcione.

ACEPTACION DEL OTRO.

Mira que nos ha costado. Por lo menos a mí. Pero eso es querer: aceptar al otro. Y tal como es, porque de lo contrario ya no sería él/ella mismo/misma. Y al fin y al cabo eso es lo que yo quiero también. Que mi mujer me acepte como soy. Que ya estoy un poco duro para cambios. Ojo. Esto no signica que no se modifiquen o superen algunos aspectos que se deben modificar o superar. Pero que en esencia, seamos nosotros. Y no olvidemos que la intimidad en un matrimonio no es sino el fruto de la aceptación mutua.

Este es el mayor goce: Estar con mi esposa, sin dejar de ser yo y que mi esposa esté conmigo sin dejar de ser ella.

Resumen generado con IA

En la medida que crezco como persona, estoy contribuyendo también a que mi matrimonio sea un matrimonio que funcione.

Tenemos que tomar muchas veces la iniciativa si queremos que nuestro matrimonio funcione.

He hablado anteriormente de qué ocurre cuando me centro en mí en vez del otro en ver mi responsabilidad y contribución en el funcionamiento de nuestro matrimonio.

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