Los cristianos no pueden estar ociosos

Nuevas situaciones, tanto eclesiales como sociales, económicas, políticas y culturales, reclaman hoy, con fuerza muy particular, la acción de los fieles laicos.
Si el no comprometerse ha sido siempre algo inaceptable, el tiempo presente lo hace aún más culpable. A nadie le es lícito permanecer ocioso…

Es necesario mirar cara a cara este mundo nuestro con sus valores y problemas, sus inquietudes y sus esperanzas, sus conquistas y derrotas:
un mundo cuyas situaciones económicas, sociales, políticas y culturales presentan problemas y dificultades más graves respecto a aquel que describía el Concilio en la Constitución Gaudium et Spes. De todas formas, es ésta la viña y este el campo en que los fieles laicos están llamados a vivir su misión. Jesús les quiere, como todos sus discípulos, sal de la tierra y luz del mundo (Mt 5, 13-14). Pero ¿cuál es el rostro actual de la «tierra» y del «mundo» en el que los cristianos han de ser «sal» y «luz»? (Christifideles Laici 3)

En 1988 San Juan Pablo II tuvo a bien la Exhortación Apostólica Christifideles Laici. Estamos en 2014. Han pasado 26 años. Desde entonces muchas palabras, muchos comentarios, muchas cosas. Es lo típico de muchos en la Iglesia: «hacer como que se hace» ¿Cuándo asumiremos los laicos nuestras responsabilidades? ¿Cuándo comenzaremos a ser adultos en la fe?

Doctrina Social y Christifideles Laici

El cristiano ha de conocer la Doctrina Social de la Iglesia y Christifideles Laici, que están intímamente unidas. Los cristianos no pueden estar ociosos en ningún momento en este mundo donde existe tanta injusticia social y en todos los demás órdenes de la vida.

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