El principio de la Participación

Se expresa, esencialmente, en una serie de actividades mediantes las cuales el ciudadano, como individuo o asociado a otros, directamente o por medio de los propios representantes, contribuye a la vida cultural, económica, política y social de la comunidad civil a la que pertenece… Es un deber que todos han de cumplir conscientemente, en modo responsable y con vistas al bien común. (Cf CDSI 189).
La participación es una característica de la subsidiariedad.

La participación no se puede restringir a algún contenido particular de la vida social, dada su importancia para el crecimiento, sobre todo humano, en campos como el trabajo, la economía, la información y cultura y, especialmente, la vida social y política.

Por ejemplo, este principio se aplica de manera especial a las condiciones relativas al trabajo. El trabajo es más que un medio de ganarse la vida; es una forma de participación continua en la acción creadora de Dios. Si se ha de proteger la dignidad del trabajo, se deben respetar los derechos fundamentales de los trabajadores: el derecho a un trabajo productivo, a un salario decente y justo, a organizar sindicatos y a afiliarse a ellos, a la propiedad privada, y a la iniciativa económica.

Con lo que respecta a la vida social y política, es imprescindible favorecer la participación sobre todo, de los más débiles, la alternancia de los dirigentes políticos, para evitar que se instauren privilegios ocultos, y un fuerte empeño moral, para que la gestión de la vida pública sea fruto de la corresponsabilidad de cada uno mirando al bien común (Cf CDSI 189).

Participación y democracia

La participación es no solo una de las mayores aspiraciones del ciudadano, sino también uno de los pilares de todos los ordenamientos democráticos, además de una de las mejores garantías de permanencia de la democracia.

Toda democracia debe ser participativa. Y ello implica que «los diversos sujetos de la comunidad civil, en cualquiera de sus niveles, sean informados, escuchados e implicados» (Cf CDSI 190).

Para que exista una verdadera participación solidaria de los ciudadanos deben superarse los obstáculos culturales, jurídicos y sociales que la impiden. Hay, pues, que evitar todas las posturas que llevan al ciudadano a una participación insuficiente y al desinterés por lo relativo a la vida social y política, limitándose a votar, cuando no incluso a abstenerse, cada determinado tiempo.

El crecimiento exagerado del aparato burocrático niega de hecho al ciudadano la posibilidad de proponerse como verdadero actor de la vida social y política (CF CDSI 191).

Al hilo de este principio y la actuación de los que nos decimos católicos:

«Los fieles laicos, como ciudadanos del Estado, están llamados a participar en primera persona en la vida pública. Por tanto, no pueden eximirse de la ‘multiforme y variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien común’,»(Deus Caritas est. BENEDICTO XVI, 29).

Abreviaturas:
CDSI Compendio Doctrina Social Iglesia
Mi reconocimiento a D. Jesús Simón Peinado Mena, autor de «El Esplendor de la Verdad Social». Siguiendo el Compendio de la Doctrina social de la Iglesia. Noviembre, 2011
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