No se puede vivir sin esperanza, sin esperar y sin ser esperado.

Vivimos un tiempo de sufrimiento. Necesitamos esperanza. La esperanza es como la sangre: no se ve, pero tiene que estar. La sangre es la vida. Así es la esperanza. Así es la esperanza: es algo que circula por dentro, que debe circular, que te hace sentirte vivo. Si no la tienes, estás muerto, estás acabado, no hay nada que decir …Cuando ya no te queda esperanza es como si no tuvieras sangre… Quizás estés todo entero, pero estás muerto. No se puede vivir sin esperanza, sin esperar y sin ser esperado.

La cuestión es cómo podemos darnos y dar esperanza.

Quién no tiene donde agarrarse, en quién confiar, en quién abandonarse en último término, no tiene tiene esperanza, está solo, como en el infierno de Dante, a cuya entrada se lee: «Los que entráis aquí, abandonad toda esperanza».

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