Pepe perseguía la esposa perfecta, el empleo perfecto y la casa perfecta. A sus treinta y nueve años sigue estando soltero, sin trabajo y viviendo en un bloque de apartamentos. Buscar la perfección ha conseguido que no esté satisfecho con las cosas que le ofrece el mundo real.

Si tú eres un perfeccionista, no vives en la realidad. Nadie es perfecto y hay muy pocas cosas que lo sean.

Si aspiras a la perfección solo vas a conseguir pensamientos negativos que te harán caer en la crítica destructiva, la frustración, el resentimiento y una actitud cínica de «todo da lo mismo».

Si quieres hacer realidad unas expectativas poco realistas solo tendrás estrés, ansiedad y un quemarte en el intento.
¿Por qué no te das permiso para saber que no todo lo puedes, que no tienes por qué estar al 100 por 100 todo el tiempo?

En cambio procura ser competente, es decir, hacer algunas cosas muy bien, pero sin ser perfecto. Al estar libre de hacerlo todo a la máxima perfección disfrutarás más de tus tareas y el resultado será un buen trabajo —a menudo un trabajo excelente.

Piensa que si apuntas demasiado alto, fallarás el tiro. Y eso no significa que seas un fracasado. El fracaso es que, para empezar, la meta era imposible.

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