Mantenimiento de la relación

Es curioso como todos nosotros periódicamente mantenemos nuestro cuerpo, nuestro pelo cuando vamos a la peluquería, nuestro atuendo, nuestro lugar de vida, nuestro coche, nuestra moto, como también el ordenador, el móvil… Aseguramos y trabajamos todo esto para nuestro bienestar.


Y lo tenemos asumido de tal forma que, por ejemplo, podemos posponer una cita diciendo que el coche está en el taller o que no puedo verte esta tarde porque tengo el ordenador estropeado y me lo vienen a reparar.

Curiosamente esto no lo hacemos con el mantenimiento de una relación, tanto con otras personas como una relación con nosotros mismos.
Pensamos de manera absurda que, las relaciones con los demás y con nosotros mismos marchan por sí solas, sin que las alimentemos, las cuidemos o tengamos un mantenimiento sencillo de ellas. Naturalmente, la relación se va a desgastar, puede que se rompa o que se agote. Mira si no las relaciones que has tenido con mucha gente de la que has considerado como amigos. Con el paso del tiempo has visto que muchas de las relaciones se han roto. Por lo menos a mí me ha pasado. Y ha sido sencillamente porque no he prestado atención al mantenimiento de la relación. No he hechado aceite en el motor, y, claro, el motor del coche se ha gripado, con el resultado de ver que el coche ya no funciona. Pues eso mismo, con la relación.

Esto es así porque nos ocupamos de las cosas más que de nuestra intimidad. Y es que la intimidad nos da miedo. Y este miedo que nos produce la intimidad de la posibilidad de encontrarnos con los demás o con nosotros mismos y conocer la verdad, hace que huyamos de esta intimidad y nos volquemos en las cosas exteriores.

La relación es la posibilidad de manifestarme tal y como soy. De aquí el miedo.

¿Por qué tengo miedo a decirte quién soy? Temo decirte quién soy, porque si yo te digo quién soy, puede que no te guste como soy, y eso es todo lo que tengo. (Jhon Powell)

Esto es lo que pasa en la relación con nuestros amigos, con nuestra familia, con nuestro esposo, con nuestra esposa, incluso con nosotros mismos.

¿Sería posible que le diéramos igual de importancia y de tiempo al mantenimiento de nuestra relación -la que sea- como se la damos al coche, al ordenador o a ir a la peluquería?

Si no queremos que nuestras relaciones se deterioren, se apaguen, se agoten, desaparezcan… pienso que debemos de darle de vez en cuando un mantenimiento adecuado.Queda entonces pendiente ¿ y cómo se hace ese mantenimiento?

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