No son las gafas, son mis ojos

Al levantarme esta mañana he visto que no veía.
Todo borroso.
Manchas y más que manchas.
Mi primera reacción ha sido limpiar las gafas.

He pensado que seguramente estarían sucias y por eso lo veía todo borroso.
Las he limpiado.
Sigo viendo borroso.
Vuelvo a limpiarlas.
Sigo viendo borroso.
Vuelvo a limpiarlas.
Le pregunto a mi mujer que mire si están limpias.
Me dice que están más que limpias.
Le digo «veo borroso».
Ella me contesta ¿no te das cuenta que lo que no funcionan son tus ojos?
Las gafas están bien y limpias.
Pero ya sabes que no ves
.

No son las gafas, son mis ojos.
Esto es lo que nos pasa en la vida.
Queremos resolver una dificultad, un problema, y la mayoría de las veces ni sabemos en dónde está el problema.
Eso nos hace que intentemos cosas y cosas que no funcionan.

Así nos va en nuestras relaciones, en nuestro trabajo o en todas las actividades que hacemos.

Hoy he aprendido que no son las gafas, son mis ojos.

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