Autenticidad y respeto en la comunicación

  1. La violencia es la tónica general en las redes sociales.
  2. Las redes sociales son un reflejo de lo que somos realmente.

Me pregunto si es posible tener una comunicación respetuosa y con autenticidad.
Pienso que sí es posible.
Toda planta que se siembre da sus frutos si se desarrolla en las condiciones adecuadas. Igualmente sucede con la relación y la comunicación entre las personas. Realmente se necesita muy poco para tener autenticidad y respeto en la comunicación y el encuentro con el otro.

Una primera consideración.
Vamos a tener la suficiente ética como para no intentar la manipulación de la otra persona.
Empresas, gurús, escritores, consejeros, entrenadores, formadores, pseudopsicólogos, escuelas y tendencias varias…nos quieren dar recetas de cómo conseguir los mejores resultados explicando lo que tenemos qué hacer, qué postura tomar, cómo imitar al otro para conectar… esto simplemente es manipular.
Donde hay manipulación no hay respeto ni por nosotros ni por el otro.
Esto no sirve.

Esto es lo que necesitamos en un primer momento.

Seguridad

La comunicación es confianza, es seguridad en uno y en el otro. Si no me siento seguro frente a alguien, no voy a tener deseos de confiarme, de decirle verdaderamente lo que siento, de decirle lo que tengo dentro del corazón. Mi comunicación por tanto no va a ser auténtica. La desconfianza está presente. Y tanto mi conversación como comportamiento no hará nada más que remarcar esta desconfianza. De la misma manera si el otro no se siente cómodo conmigo, nuestra conversación solo será de banalidades y no llegaremos a ningún sitio.

Aquí es dónde los gurús de las técnicas de información me dicen que, por ejemplo, adopte la misma actitud corporal y el mismo lenguaje que está utilizando el otro, a fin de darle seguridad y obtener una mejor calidad en la conversación. ¿Qué se esconde detrás de este comportamiento? ¿Una manipulación? Esto es querer influir en el otro. No lo comparto porque entiendo que no es ético y porque además me hace estar más centrado en el otro que en mí.

Personalmente lo que hago es estar pendiente de qué estoy sintiendo por dentro de mí. Lo mismo que cuando estoy con una persona que cuando he estado impartiendo alguna charla. Si siento como un cosquilleo suave dentro de mí, es que la cosa está funcionando. Desde el momento en que siento que hay algo dentro de mi que se tuerce, que ya no siento ese cosquilleo, es que alguien no está de acuerdo conmigo, o he dicho algo que no siento o hay algo que no funciona. Es decir, me estoy sintiendo incómodo porque constato que algo no funciona. Entonces me paro y trato de averiguar qué es lo que no está funcionando.

Ahora, a estos mis años, esto me está ayudando y mucho a ser más auténtico. Como estoy más centrado en mí, es imposible que pueda tener intenciones respecto al otro. Y esto lo percibe el otro, que está viendo que no voy con «otras ideas».

La aceptación sin juicios sobre lo que se dice

¿Qué quiero decir con esto? Estoy hablando de expresar sentimientos, de decir lo que siento, lo que me pasa, lo que deseo, lo que pienso sobre esto o aquello otro. Si tengo la impresión de que lo que diga va a ser acogido con una actitud de juicio crítico, elijo callarme, simplemente por pura protección. Por ejemplo. Adolescente que quiere decirle una cosa a su madre, pero piensa antes: «si digo lo que verdaderamente quiero decir a mi madre, menudo sermón me va a soltar, me a criticar, me va a decir esto… o aquello..» Y entonces, el adolescente se calla.

La aceptación sin juicio de lo que se dice, significa que hay que escuchar sin eso, sin hacer juicios o criticar sobre lo que se está diciendo, porque, de lo contrario, si el otro se siente juzgado o criticado, simplemente como he dicho antes, se va a callar. La aceptación sin juicio no significa que se deba de estar de acuerdo con lo que se dice. Es como cuando recibimos una carta certificada, que firmemos el acuse del recibo no quiere decir que estemos conforme con su contenido.

Reconocimiento

— Del mensaje

Cuando estamos con el otro, y este nos acaba de transmitir una información, nueve de cada diez veces no le transmitimos el reconocimiento de lo que nos acaba de decir, lo que podemos llamar acuse de recibo. Simplemente hacemos ya una interpretación de lo que hemos oído. Y disparamos nuestra respuesta sin haberle escuchado. Hemos de atenderle comunicándole en primer lugar lo que hemos entendido de lo que nos ha dicho. «Entiendo que lo que quieres decir es que…» Parafraseamos lo que nos ha dicho para transmitirle que lo hemos entendido o, en caso contrario, nos damos la oportunidad para aclararnos.

─ De lo que se siente al escuchar el mensaje del otro

Lo auténticamente personal en mí es lo que me ocurre, lo que yo siento, y ninguna otra persona puede sentirlo por mí. Si tengo hambre, tú no puedes sentir mi hambre. Si siento dolor, tú puedes ver que yo sufro, pero tú no puedes sentir mi dolor.

Para recuperar la confianza en uno mismo hay que empezar por restablecer la confianza en lo que uno siente. Primero están los sentimientos, luego las razones o el por qué de las cosas.

Lo que quiero decir es que para acercarse al otro y a uno mismo, hay que empezar desde el mundo de los sentimientos.

Vemos que un niño está llorando. Si lo contemplamos desde el mundo de los sentimientos podemos decirle:

« Veo que algo te duele» o « Veo que tienes miedo » o « Veo que estás llorando ». Ante esto la primera reacción del niño es que se acercará y entre sollozos nos dirá que está llorando, o que está triste. Es entonces cuando podremos preguntarle el por qué está llorando o por qué está triste.

Si en cambio le preguntamos de buenas a primeras « ¿por qué lloras? » o « ¿qué te pasa? » el niño no tendrá respuesta para nosotros.

Esto es lo que pasa también en el mundo de los adultos. Y el principio es igual de simple: se trata de reconocer lo que el otro siente formulándolo en volz alta: « Veo que estás triste. Veo que algo te duele. Veo que estás muy enfadado…»

Puede que esto se vea rídiculo para tratar con el otro entre personas adultas. Pero es algo que, sencillamente funciona.

Si queremos una comunicación auténtica y respetuosa y además eficaz con el otro, hemos de ver en qué campo nos movemos. Los sentimientos y el pensamiento están en planos distintos. La comunicación aquí no funciona.

Veamos. Hay alguien que está llorando (sentimiento). En mi ánimo le digo: « Comprendo tu tristeza, ya lo sabes.» Si está triste (sentimiento) y yo le hablo desde el pensamiento, no nos vamos a entender, porque me dirijo a lo que él siente, a partir de lo que yo pienso. Todo cambia si en cambio le hablo desde mi sentimiento hacia su sentimiento: «Oye, me siento mal (triste, conmovido, angustiado etc) cuando te veo triste.» Aquí todo cambia, porque hablo de lo que yo siento para dirigirme a lo que él siente. Hablo de sentimiento a sentimiento.

Redes sociales

Seguridad. Casi siempre ausente. En la mayoría de los blogs, y en otros sitios sociales muchas identidades falsas o con seudónimos. Ignoramos con quién hablamos. Soltamos juicios y descalificaciones antes que nada. O decimos la banalidad que a nada nos conduce. Llenos de miedo queremos pisar antes de que nos pisen.

Aceptación sin juicios. No nos paramos a acoger qué nos está diciendo el otro. No ha terminado de escribir cuando ya le estamos contestando, más bien disparando nuestra munición, naturalmente «a matar». La descalificación es lo más suave que sabemos hacer.
Reconocimiento. No damos reconocimiento a qué nos está diciendo, a cómo se siente ante algo. Aquí ya todo se corta. Solamente estamos a desarrollar la mayor violencia en la contestación.

Con este panorama, cada vez se hace más cuesta arriba pretender que las redes sociales sean un medio de entendimiento y acercamiento entre las personas. Y, recuerdo que, en cierta medida nuestro comportamiento en la vida «virtual» es exactamente igual que nuestro comportamiento en la vida real.

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