¿Solidaridad con los refugiados pero no con los españoles?

Veo mucha teatralidad en esta solidaridad con los refugiados sirios.
Y junto con esta teatralidad veo la injusticia manifiesta de la falta de solidaridad con muchos españoles que están atravesando situaciones desesperadas.

Hacer el bien, siempre.

Pero mucho me temo que con este tema de los refugiados se nos puede tachar fácilmente de tontos y de ingenuos.
Tontos e ingenuos que solamente cosecharemos el desprecio de aquellos que reciben nuestra ayuda.

Parece que ya va pasando la euforia de los solidarios con los refugiados sirios.
Es lo natural en esta sociedad tan hipócrita en la que vivimos que se conmueve con ternura, con mucha exageración en su comportamiento teatral ante las desgracias ajena, absolutamente superficial.
Muy pronto se le pasa el sofoco que le produce estas desgracias.
Y sin embargo en esta ternura tan teatral de estos seres tan solidarios se olvidan de los propios.

El bien es «lo que hay que hacer». Y no es lícito dejar de hacerlo.

Pero empecemos primero por atender las necesidades propias en primer lugar.
Conozco personalmente a varias personas que, carentes de ingresos algunos, y por no cumplir determinados requisitos, no tienen derecho alguno a percibir algún tipo de prestación por parte de la Administración en general, ya sea nacional, autonómica, provincial, municipal o la que sea.
En realidad la cuestión es más que simple: ante los hijos de mi vecino o los míos, ¿a quién he de atender primero?
Yo personalmente estimo que los míos tienen prioridad antes que los del vecino.
Si no es políticamente correcto, me parece muy bien, pero es mi opinión personal.

Cierto que las personas refugiadas están necesitadas.

Pero aquí está también la cuestión de que hemos de hacer el bien con una cierta prudencia, y que el bien que hagamos sea efectivo.
Hay necesidades objetivas que exigen una respuesta por nuestra parte.
Pero al hacer el bien no podemos caer en la ingenuidad, el proteccionismo, el paternalismo, etc, etc, etc.

Sobre todo pienso que hemos de ser prudentes en el modo, aunque seamos generosos en la sustancia.
Por encima de todo tenemos que guardarnos de los frescos, de los aprovechados y de los manipuladores.
Si nos descuidamos con algunos de estos tipos, lo primero que van a tener de nosotros es una imagen de ingenuos y de despreciables; y a los primeros que van a despreciar es, por ejemplo a usted, si es de los que pican.

Sin justicia para los demás

Justicia para los demás, porque pienso que no podemos atender a los de afuera y olvidarnos de los de adentro.
No es justa la solidaridad con el extranjero cuando no la tienes con los tuyos.

De tontos y de ingenuos

Intentar definir al tonto y al ingenuo es una tarea bastante complicada.
Las siguientes definiciones están en el contexto de esto de hacer el bién a los demás.

— Tonto es quien imagina que los demás seres humanos que con él se relacionan son mejores de lo que son, que se puede confiar en ellos, en sus promesas de devolución o en sus quejas de desgracia y escasez. Y los primeros que se ríen de tales idealistas con quiénes más se benefician de su ingenuidad, engañándolos.

— Tonto es el ingenuo. María Moliner lo define muy bien: « Persona que no tiene malicia o picardía, que supone siempre buena intención en los otros y cree lo que dicen, y a su vez habla y obra de buena fe y sin reservas». Pero la vida es la vida. ¿Qué le pasa a quien así se comporta?

— Tonto es quién tolera demasiado y no sabe poner las fronteras de su dignidad, incluso ante a quien hace el bien.

¿Le suena algún comportamiento de gentes a las que se les acoge?
¿Te gusta hacer el bien? ¿Lo haces de manera tonta e ingenua?
¿Eres solidario con los que tienes a tu alrededor?

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