Ser escuchado

Como personas, todos, sin excepción tenemos la necesidad de ser escuchados. Quien no se siente escuchado se siente solo, aunque esté en compañía; se siente excluido, no interesante para los demás.

 Ser escuchado cuando sufro.

Para mí y para cualquier otra persona, es una necesidad vital.

A veces estamos llenos de sufrimiento, y entonces es más necesario que nunca que alguien nos escuche.
Con cuanta frecuencia necesitamos que nos escuchen para curar nuestra mente, nuestro corazón, nuestro espiritu.
Y necesitamos que nos escuchen para que podamos salir de nuestros sufrimientos.

Y es entonces cuando la palabra, las palabras con el que nos escucha, vemos que nos curan, que suavizan nuestros sufrimientos.
Y vemos cómo ─si verdaderamente hay una escucha por parte del otro─ la palabra puede confortar, aliviar, sostener, confrontar, liberar, estimular, motivar…

Lo que pedimos a quien nos escucha.

Pero cuando queremos ser escuchados también pedimos al otro que sea capaz de acoger nuestro mundo interior, lo que nos está pasando, lo que sentimos, lo que pensamos, los problemas que tenemos, las dificultades por las que estamos atravesando.
Pero que se deje de moralinas, de consejos fáciles.
Lo que somos o lo que tenemos que hacer ya lo sabemos muchas veces antes de que nos lo digan.

¿Escuchar humaniza?

Escuchar humaniza al que es escuchado y al que escucha.
Escuchar es acoger y la acogida es un gesto tremendamente humano.
Donde no hay escucha se produce la cosificación, la despersonalización en las relaciones, la deshumanización.
Y el que escucha se humaniza porque se hace, poco a poco, experto en humanidad, conocedor de la condición humana.

Nuevas tecnologías.

Ahora tenemos muchos medios de comunicación, FB, Twitter, WhatsApp…pero mucho me temo que no sirven para escuchar ni ser escuchados.

De mi experiencia personal veo que no están al servicio de las personas, de sus necesidades, atentos a los sentimientos y a los significados de lo que queremos decir en cada momento.

Personalmente pienso que se han convertido en un refugio o en una huída del compromiso emocional de la comunicación personal.
¡Qué horrible esos grupos de amigos en los que todos están con su maquinita, juntos pero sin estar con los otros!
Y no solamente entre amigos, sino también en familia, en pareja…

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